Dune: Muad’Dib y la entrevista con Lichna

El mensajero era una mujer joven: su rostro, nombre y familia eran conocidos de Chani, y por ello pudo penetrar a través de la Seguridad Imperial. Chani no hizo más que identificarla para un Oficial de Seguridad llamado Bannerjee, que preparó luego la entrevista con Muad’Dib. Bannerjee actuó por instinto y con la seguridad que le daba el que el padre de la joven había sido un miembro de los Comandos de la Muerte del Emperador, los temibles Fedaykin, en los días anteriores al Yihad. De otro modo, hubiera ignorado su petición de que el mensaje debía ser escuchado tan sólo por los oídos de Muad’Dib. Fue, por supuesto, sondeada y registrada antes de introducirla en la oficina privada de Paul. Incluso así, Bannerjee la acompañó, una mano en su cuchillo, la otra sujetando su brazo.

Señor, esta es la chica mensajera —dijo Bannerjee—. Mi Dama Chani dice que desea hablar con vos. Era de piel oscura, no muy alta, y las ropas que cubrían su cuerpo, de color vino y corte sencillo, hablaban de una cierta posición social. Sus cabellos negroazulados estaban sujetos por una estrecha banda. Las ropas ocultaban sus manos. Paul sopechó que debían estar crispadas. Cada cosa en ella correspondía a su carácter, incluso las ropas: un atuendo cuidadosamente reservado para tal circunstancia.

—Has pedido verme —dijo Paul.

El momento de la prueba definitiva para la imagen de la muchacha había llegado. Scytale había creado la forma, los ademanes, el sexo, la voz… todo lo que sus habilidades podían captar y asumir. Pero aquella era una mujer a la que Muad’dib había conocido en los días del sietch. Era tan sólo una niña entonces, pero ella y Muad’Dib habían vivido experiencias comunes. Era el papel más delicado que Scytale hubiera emprendido nunca.

—Soy Lichna de Otheym de Berk al Dib.

Paul asintió. Ahora comprendía por qué Chani había sido engañada. El timbre de la voz, todo estaba reproducido con exactitud. De no haber sido por su propio adiestramiento Bene Gesserit con respecto a la voz, y por sus visiones oraculares, aquel Danzarín Rostro le hubiera engañado incluso a él mismo.

Su adiestramiento ponía en evidencia ante él algunas discrepancias: la edad de la muchacha era ligeramente mayor de lo que le correspondía con respecto a la niña que había conocido tiempo atrás; había un excesivo control en el tono de sus cuerdas vocales; la configuración del cuello y hombros adoptaban una pose sutilmente distinta en altura a la de un Fremen. Pero también había otros detalles dignos de admiración: las ricas ropas habían sido cuidadosamente elegidas para evidenciar el actual status… y los rasgos habían sido copiados con una maravillosa exactitud. Todo ello hablaba de una cierta simpatía del Danzarín Rostro con respecto al papel que estaba representando…

—Reposa en mi hogar, hija de Otheym —dijo Paul, utilizando el saludo formal Fremen—. Eres bienvenida como el agua tras una seca jornada por el desierto. —Traigo un mensaje —dijo ella. —El mensajero de un hombre es como si fuera el mismo hombre —dijo Paul. Scytale respiraba pausadamente. Todo iba bien, pero ahora venía la tarea crucial: el Atreides debía ser guiado hacia aquel camino en particular. Debía perder a su concubina Fremen en tales circunstancias que sólo él pudiera sentirse responsable por ello. El fallo sólo podría atribuirse al omnipotente Muad’Dib.

—Soy el humo que desvanece el sueño en la noche —dijo Scytale, empleando una frase en clave Fedaykin: Traigo malas noticias. Paul luchó por mantener su calma. Se sentía desnudo, con su alma abandonada en un incierto tiempo oculto a toda visión. Poderosos oráculos ocultaban a aquel Danzarín Rostro. Bannerjee concentraba toda su atención en la muchacha.

—Debo entregar mi mensaje en secreto —dijo ella. —Por qué? —preguntó Bannerjee con voz áspera, insinuante. —Porque esta es la voluntad de mi padre. —Es mi amigo. No soy yo un Fremen?. Entonces mi amigo puede oír todo lo que yo oiga. Scytale luchó por mantener su apariencia de muchacha. Era aquella realmente una costumbre Fremen… o era una prueba?. —El Emperador puede dictar sus propias reglas —dijo Scytale—. Este es el mensaje: Mi padre desea que vayáis a verle, llevando a Chani. —Por qué debo llevarle a Chani?. —Ella es vuestra mujer y una Sayyadina. Es un Asunto de Agua, según las reglas de nuestras tribus. Ella deberá atestiguar que mi padre habla de acuerdo con la Manera Fremen

—De qué quiere hablarme tu padre?. —preguntó. —Quiere hablaros de un complot contra vos… un complot entre los Fremen. —Por qué no ha acudido a dar el mensaje en persona? —preguntó Bannerjee. Ella mantuvo su mirada fija en Paul. —Mi padre no puede venir aquí. Los del complot sospechan de él. No llegaría vivo aquí. —Por qué no te explicó a ti el complot? —preguntó Bannerjee—. Cómo se ha atrevido a arriesgar a su propia hija en tal misión?. —Los detalles están contenidos en un mensajero distrans que sólo Muad’dib puede abrir —dijo ella—. Eso es todo lo que sé—Entonces por qué no enviar el distrans? —preguntó Paul. —Es un distrans humano —dijo ella. —Entonces iré —dijo Paul—. Pero iré solo…

“Mesias de Dune”, por Frank Herbert.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s