Dune: Frank Herbert vive, por Byron Merritt

“Tu abuelo murió anoche”, dijo mi madre, su voz resonaba a través del teléfono. Era 12 de febrero de 1986 y Frank Herbert, el creador de “Dune”, había perdido su batalla contra el cáncer de páncreas la noche anterior, falleciendo repentinamente en el Centro Medico de la Universidad de Wisconsin en Madison. Me senté en silencio escuchando a mi madre que vivía en Port Townsend, Washington, en el momento de la muerte de su padre.

Mi primer recuerdo claro de mi abuelo es cuando vivía en Port Townsend, en Ivy Drive, cerca de una ensenada boscosa rodeada de pinos y agua. Era junio de 1972 y yo tenía siete años. Era un hombre corpulento con barba desaliñada, que llevaba un suéter de lana gris y tenía una pipa de madera de cerezo en la boca, con un humo de olor dulce que flotaba hacia arriba y alrededor de su cabeza, formando una corona, como si fuera por arte de magia.

Recuerdo que me llevó a dar un paseo por detrás de su casa, pasado el gallinero, y por un pequeño sendero del bosque. Me llevó a conocer a los Starrys, los vecinos en verano, una pareja cálida y amable que bien podría haber sido representada sentada, en su porche, en una pintura de Norman Rockwell. Después de decir unos amigables ‘holas’, regresamos por el sendero a casa. “Bueno, ¿qué es lo que haces?” Recuerdo que le pregunté mientras caminabamos por el bosque húmedo. “¿Qué quieres decir?. ¿Qué debo hacer?”. “Ya sabes”, dije con impaciencia, “Para ganarte la vida. ¿Qué haces?”. Frunció el ceño con frustración. Parecía que se estuviera volviendo loco, pero luego sus ojos azules se suavizaron y me dijo: “Yo escribo”. Esas dos palabras tenían poco significado para mí en aquel momento, pero más tarde se convirtiríaa en algo que nunca podría olvidar.

Cuando era niño, las únicas cosas que escribia eran los deberes para la escuela y alguna cosilla para mis padres. Yo no podía entender que alguien estuviera haciendo eso para ganarse la vida. “Vamos, abuelo”, me reí. “De verdad?”. “Yo escribo libros electrónicos. Se llaman novelas de ciencia ficción”. Ser de una época que muchas cosas simplemente no se entendian, acentuo mi curiosidad -o mas bien mi incredulidad-, mientras me miraba la cara a medida que saliamos del bosque y subiamos hacia la casa. Una vez dentro, me llevó arriba, a su estudio, algo que ocurriria sólo dos veces en mi vida. Bajó un libro ancho de un estante alto y me lo entregó. “¿Sabes lo que significan estas grandes letras blancas en la tapa?”, me preguntó. Explore la superficie del libro y ví las letras a las que se refería. “Fffrrrannnk Herrrbbberrt”, dije, y luego le mire con asombro. “Ese es tu nombre!”. “Este es uno de los libros que he escrito. Tal vez cuando seas lo suficientemente grande, lo puedas leer”, dijo poniendo el libro en su estante.

No recuerdo qué libro me enseñó, pero sí recuerdo la nueva sensación de asombro que sentí, a partir de entonces, cada vez que estuve en su presencia. No fue hasta mi primer año en la escuela secundaria cuando comence a darme cuenta de lo importante que era el trabajo de mi abuelo para los demás. Era 1979 y mi profesora de Inglés, la señora Blair, se puso en la parte delantera de la clase hablando de las grandes obras literarias que habian perdurado en el tiempo, y mencionó “Dune”. Me puse tieso, sintiendo que la sangre se salia de mi cara. Yo no lo había leído aún!. Cuando llegué a casa, le pregunté a mi madre si podía leer “Dune”. Ella dijo: “por supuesto” y me bajó del estante una copia bien grande y firmada. Como el adolescente que era, me parecio que me entregaba una copia de “Guerra y Paz”. Le puse una mirada depresiva y me pregunte por qué alguien querría leer un libro tan gordo. Pero me fui a mi habitación, abrí la primera página y comence a leer. Ese día cambió mi vida. Fuí lanzado a un mundo nuevo.

Mi memoria giró de nuevo a la reunión en el estudio del abuelo cuando tenía siete años. “Yo escribo”. No tenía ni idea de lo que realmente quería decir… hasta aquel momento. Las páginas azotaban mientras me sumergia en la compleja red de historias superpuestas. Cuando terminé, volví al principio y lo releí, sorprendido por lo que me había perdido la primera vez. Pasé varios veranos con mi abuelo después de eso y aprendí mucho de él. Le llevaba las historias que había escrito y miraba como las leia meticulosamente. Él me daba consejos sobre la estructura de la trama, el uso de adjetivos, y muchas otras cosas que me ayudaron a tejer cuentos. Pero nunca pude crear un mundo tan complejo como el suyo, no importaba lo mucho que lo intentara. Parecía una tarea imposible crear, y como mi tío Brian Herbert dijo en el epílogo de su “Dune: La Casa Atreides” sobre la novela “Dune” original: “Es una obra magna que se erige como una de las más complejas, y de múltiples tramas que se hayan escrito nunca”.

¿Cómo lo hacia el abuelo?. ¿Qué granito de arena flotó en su cerebro para la creación de un universo de tan increíble textura?. En su familia si sabíamos donde comenzó todo. Fue en las dunas a lo largo de la costa de Oregon, donde el abuelo consiguió su primer atisbo en el mundo que se convertiría en su obra maestra. Trabajó brevemente en Florence, Oregon, una pequeña comunidad costera, en aquel momento de cerca de 1600 personas (la ciudad es ahora mucho más grande). Él estaba allí haciendo una investigación para un artículo durante su trabajo como escritor freelance, tratando de vender sus articulos a las revistas. El artículo se basaba en un estudio del Departamento de Agricultura de EE.UU. sobre el problema con las dunas móviles. Él se sintió fascinado por la cantidad de vida que luchaba por la existencia en las arenas impredecibles de la zona. Cómo, incluso en las más pequeñas grietas de las dunas, la vida se aferraba y luchaba por la superviviencia en un lugar tan inhóspito. Fue aquí donde en su mente comenzó a desarrollarse la historia que se convertiría en “Dune”.

Hasta la muerte del abuelo, todavía no me había dado cuenta de lo importante que era. Yo le echaba muchísimo de menos, un vacío que se siente cuando una familia pierde a alguien tancercano. Lo que no me había dado cuenta era cómo iba a afectar a otros. Frank Herbert dejó algo más que un vacío dentro de nuestra familia; había dejado un vacío dentro de un clan más grande: la comunidad literaria. La ultima novela “Dune” que él escribió, “Dune, Casa Capitular”, termina dejando un final inconcluso, prometiendo algo más grande y más profundo en el siguiente y ultimo libro. Todo eso parecía ya perdido con su muerte. El 11 de febrero 1986 marcó la muerte de un hombre y su visión. O ¿no?.

Brian Herbert, el hijo mayor de Frank Herbert, había sido animado por los agentes, editores y fans de la saga por igual, para terminarla. Habiendo escrito varias novelas de su propio puño, -incluyendo la co-autoría de “El hombre de dos mundos” con su padre en 1985, justo antes de su muerte- Brian no estaba seguro de si quería asumir esa tarea monumental. Además, él no sabía exactamente donde su padre queria llegar con la saga antes de morir. Tras más animos por parte de los agentes y editores, Brian fue contactado por alguien que le presentó a Brian su futuro: ser un energico co-autor. En la primera semana de mayo de 1997, más de 11 años después de la muerte de Frank Herbert, Brian, finalmente se reunió con el autor de bestsellers Kevin J. Anderson, y comenzaron a lanzar ideas sobre “Dune”. Después de meses de ardua investigación y deliberación, decidieron comenzar a establecer las bases para tres precuelas del “Dune” original (“Dune: La Casa Atreides”, “Dune: La Casa Harkonnen”, y “Dune: La Casa Corrino”), pero aún no tenían una idea clara de cómo el último libro debia terminar. ¿Qué tenia en mente Frank Herbert para su “Dune 7”?.

“Ten una copia de seguridad de todo lo que escribas lejos del despacho”, Brian me dijo que le había dicho a su padre en varias ocasiones. “Le hablaba como un agente de seguros”, recordaba más tarde. “Un fuego, una inundación, o cualquier otro desastre podría haber arruinado su trabajo si no se tenía cuidado. Pero no supe que él seguiria mi consejo hasta el extremo”. Los consejos de Brian darían unos frutos que no podría haber imaginado. “Recuerdo el teléfono sonando en mayo de 1997, era el abogado de las propiedades de mi padre”, me dijo mi tío. “Él dijo que había una caja de seguridad que había sido pasada por alto todos estos años en un banco local en Seattle. Al principio pensé que podría ser joyas de mi madre -Beverly Herbert-, de bienes que habría guardado para su custodia o algo así, pero entonces algo en mi cabeza me recordó esas conversaciones que había tenido con mi padre antes de morir. Le recorde trabajando en ese pequeño ordenador Tandy en su cama del hospital, y yo diciendole que siempre guardara copias de su obra”.

Dos semanas después de esa llamada telefónica, Brian se encontraba, junto con un abogado y el gerente del banco, cubriendose las orejas ante dos cajas de seguridad que eran forzadas para abrilas a falta de las llaves. “No puedo recordar exactamente lo que estaba pensando en ese momento”, dijo Brian acerca de este día memorable. “Sabía que tenía que ser algo importante para que papá lo hubiera mantenido bajo llave”. Las cajas se colocaron sobre una mesa y Brian vio como se abrían con los ojos bien abiertos, como si despertara de un profundo sueño. De la primera caja, el abogado le entregó a Brian los volúmenes de recetas que su padre había cocinado (aquel hombre que me dijo “Yo escribo”, fue un excelente chef). En la segunda caja habia unos muy antiguos disquetes de cinco y un cuarto, con montones de papeles debajo.

“Recuerdo que me entregó los papeles y ponerlos sobre la mesa”, me dijo Brian anticipando con emeocion. “Entonces descubrí la primera página y mi corazón estuvo a punto de detenerse”. Lo que Brian vio fue más allá de la imaginación y la esperanza. Había descubierto un elemento que iba a ser compartido con millones de personas. En la portada de la primera página, garabateado por la mano inconfundible de Frank Herbert, habia dos palabras: “Dune 7”. A mediados de junio de 1997, mi propia madre (Penny Merritt) me llamó. Había un aire de emoción en su voz. Pasamos rapido de los habituales “¿Cómo estás?” y “Estoy bien, ¿y tu?”. Hasta que tuve a continuación que preguntar: “¿Qué pasa?”. “¿Qué quieres decir?” -preguntó ella, tratando de parecer mas tranquila y serena, pero fallando miserablemente-. “Mamá. ¿Qué pasa?”. “Oh, cariño, es simplemente maravilloso”, dijo con voz temblorosa. “¿Qué?”. “Hemos encontrado las notas para el septimo libro de “Dune”. Fueron descubiertas en una caja de seguridad en Seattle después de todos estos años”.

Me hundí en el sofá, con la boca abierta. Después de confirmar que no estaba tomandome el pelo, hablamos acerca de lo que esto significaba para nosotros y para la literatura. Pero sobre todo hablamos de lo que significaba para nosotros, para nuestra familia. “Sabes”, dije finalmente, “El abuelo entonces no está realmente muerto”.

Frank Herbert vive, por Byron Merritt. Byron es nieto de FH y, entre otras cosas, lleva los foros de la web oficial de Dune.

Traduccion libre de Danienlared

3 Respuestas a “Dune: Frank Herbert vive, por Byron Merritt

  1. Conmovedor y hermoso. 🙂

  2. Gran texto, verdad?. Y ademas curioso el descubrimiento de los papeles, esos que “no existen” segun los “ortodoxos”.

  3. La verdad es que sobre todo este tema se podría escribir hasta un libro :P.

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