Dune: El Asesinato de Muad’Dib (y II)

Mi Sihaya es el agua de mi vida y la razón de que lata mi corazón. Mi amor por ella me mantiene firme contra las tempestades de la historia.

Paul Muad’Dib, poema de amor privado a Chani.

En el tumulto que siguió, la sala retumbó con los gritos. El Conde Fenring se apartó de Paul, mientras caía. Sin soltar la daga del emperador, el asesino activo su escudo y se retiró a un rincón, tratando de alcanzar el pasadizo abierto, pero los Fedaykin ya lo habían bloqueado. Frustrado, se puso de pie, de espaldas a la pared, dispuesto a defenderse. Margot Fenring se unió a su marido, preparados para morir. A pesar de que aparentemente no portaba ningún arma, era una Bene Gesserit, y estaba capacitada para matar también.

“Cogedlos vivos!”, Irulan exclamó, con voz temblorosa mientras trataba de imponer su autoridad. Ella respiró hondo, lo que obligó el control sobre sus músculos aturdidos. “Si los matais, nunca sabremos que otros planes pueden haber puesto en marcha!”. Stilgar no tenía necesidad de recibir órdenes de la princesa. “No vamos a matarle, por ahora, y no con será rapidez”, dijo con un gruñido.

Chani se sentía entumecida por el humo apestoso que aún flotaba en la habitación, y Paul yacía en el suelo, desangrándose hasta la muerte. Desesperada por salvarlo, apretó sus manos contra la herida. La sangre se filtraba a través de sus dedos, de color rojo y negra. Paul Atreides podría ser un Fremen en muchas maneras, pero no tenía la genetica adaptada al desierto que espesaba la sangre para una coagulación rápida. “Llamad a los médicos!. Un cirujano!. Un doctor Suk!. Rápido!”. Con una mueca de desprecio, Fenring dijo: “Tal vez deberiaís atender a vuestro Muad’Dib, hmmm?. Puede que tenga unas últimas palabras para vosotros”…

Alia estaba a su lado, pero incluso con todos sus conocimientos y las Otras Memorias, no lo podía ayudar. “Mi hermano está al borde de la muerte. Yo debería haberlo salvado”. “Todavía podríamos salvarlo si pudiéramos disminuir la hemorragia, si pudiéramos detener el tiempo…”. De repente, Chani se enderezó. “Alia!. Corre a mi cuarto, hay tarro sellado junto a la mesa de la ventana. Como Sayyadina del Rito, guardo un poco de Agua de Vida sagrada. Traela para Muad’Dib”. Sorprendida, Alia ya estaba en pie. “El trance de mi hermano, el trance. Sí, debemos inducirlo ahora!”. La niña salió corriendo, tan rápida como el viento.

Chani recordó cuando Paul, creyéndo ser el Kwisatz Haderach, había tomado el veneno puro, la hiel del gusano de ahogado. Sólo una pequeña cantidad. “Una gota”, Paul había dicho. “Tan solo una gota”… Aun así, había sido suficiente para sumirlo en un estado de coma tan profundo que había permanecido como un cadáver, como en animación suspendida. Alia llegó primero, cayendo de rodillas y le extendió el frasco a Chani, que tocó con su dedo el líquido. Retiró una sola gota, y tocó suavemente los labios pálidos de Paul con un gesto de cariño, como una caricia…

Uno de los médicos Suk movió la cabeza. “Tanta sangre perdida. No pudo sobrevivir a eso. Ya no vive, Dama Chani”… Buscando la calma interior, Chani se limitó a hablarle al médico: “Se equivoca. Muad’Dib vive, pero su vida está por debajo del umbral de su detección”. Cuando experimentó lo mismo antes, muchos Fremen le habían creído muerto también. “Con el Agua de la Vida, he comprado tiempo. Haga su trabajo y remiende la herida”. “Señora Chani, no hay…”. “Haz lo que te mando!. Su cuerpo ya sabe cómo luchar contra los efectos del coma. Rapido!”…

…”Este es un trabajo más propio de pompas funebres que de un cirujano…”, comentaban los médicos cuando el primer latido llegó tan inesperadamente que les sorprendió. Luego otro latido. Y un tercero… y finalmente, los monitores mostraron un pulso lento pero constante… Sus ojos se abrieron. El Emperador Paul Muad’Dib volvia a la vida…

***

…Llevando grilletes y flanqueado por cuatro guardias fornidos, el Conde Fenring estaba al pie del Trono del León. Su elegante vestimenta estaba arrugada y sucia, y la camisa de seda blanca estaba rota, manchada aún con la sangre de Paul. Muad’Dib se había recuperado milagrosamente, o así al menos lo habían hecho saber al pueblo. Ya Irulan trabajaba en la historia que se sumaría a la mitología de su vida, y la gente se lo creeria de todo corazón, sin esperar nada menos de Muad’Dib.

Consumiendo grandes cantidades de melange, había recuperado la energía para presidir el tribunal a la mañana siguiente, y estar sentado en su trono para demostrar que Muad’Dib aún guiaba su Sacro Imperio. Paul sabía que tenía que permanecer con vida, no sólo por su propio bien, sino por el futuro de la humanidad. En su corazón, él hubiera preferido vivir en paz con Chani. Teniendo en cuenta las diferentes opciones, podría haber sido como el duque Leto Atreides, amado por todos, justo con todos. En su lugar, decidió obedecer a nadie más que a sí mismo y dejarse guiar por su presciencia, sacrificando su felicidad personal y el presente para salvar el futuro.

Ahora estaba sentado en el juicio contra el Conde Hasimir Fenring, buen amigo del caído Emperador Shaddam IV. Este hombre había tratado de matarlo. “Ah, ehmmm, supongo que esto significa que no me ofrecereis vuestro mejor vino de nuevo?”. Fenring habló con valentía y un sentido del humor impertinente. Observaba a la Guardia Fedaykin, Stilgar o Chani sedientos de sangre. Parecía estar preguntándose cuál de ellos daría el golpe mortal que estaba seguro que vendría. Se centró en Alia, sentada al borde de la tarima con un vestido negro. Parecía un pequeño verdugo, en espera de la orden de su hermano.

“Aquí en Dune, el agua es más preciosa que el vino”, dijo Paul, cogiendo una jarra de cristal que estaba junto al trono… Fenring levantó las manos esposadas en alto y aceptó la copa de agua con resignación valiente. “Entonces, el Emperador ha decidido que sea veneno, hmmm?”. Dijo aspirando el contenido. Paul tomó un sorbo de su vaso. “Es agua pura”. “Es bien sabido que Muad’Dib, aaah, puede convertir los venenos en su cuerpo. Es un truco, no?”. “No hay veneno en mi honor. Honor Atreides. Bebe conmigo”. Alia tambien se sirvió una copa y bebió con gusto evidente. Fenring bebió de la copa, y luego la dejó caer bruscamente al suelo. Paul tomó otro sorbo. “Esta es el agua destilada del cuerpo de Marie. Quería que lo compartieras conmigo”…

Margot Fenring fue llevada a la sala junto a su marido. Con un gesto de Paul, Alia saltó de la tarima y se plantó ante la madre de Marie, que la miró con una expresión pétrea. Su hermana llevaba una aguja en la mano, el mortal Gom Jabbar… Despues Paul se puso en pie y camino hasta ponerse frente a Fenring. El emperador sacó su propio crys y señaló con su punta al Conde. Fenring se puso rígido. “Por favor, no lo mates”, dijo Dama Margot…. “Serviría de algo si yo me pusiera de rodillas y suplicara por la vida de mi esposa?”, dijo el Conde. “Ella te salvo la vida hace años al advertiros a ti y a tu madre de la traición Harkonnen”. “Su propia traición borra esa carga de agua”, interrumpió abruptamente Stilgar. Paul dio la vuelta alrededor de los dos. “Soy más culpable de lo que ella es”, continuó Fenring. “Yo no actue por lealtad a Shaddam, ni tampoco a ninguna Bene Gesserit. No fue algo personal, ahhh, te lo aseguro. Mi odio por ti y tu imperio es puramente lógico. Necesitaba extirpar una forma particularmente agresiva de cáncer por el bien de la civilización humana. Con Muad’Dib eliminado de la ecuación, Marie, yo mismo, o una marioneta, podría haber tenido la oportunidad de restaurar la estabilidad y la grandeza”…

Paul dijo: “Sabias que la niña tenía poca o ninguna posibilidad de éxito, pero la sacrificaste con el conocimiento de que podrías tener tu oportunidad, mientras fingías dolor por su muerte”. Los ojos de Fenring brillaron de ira. “No fingí nada!”. “No lo hizo!”. Margot gritó. “Un truco dentro de un truco, y en el momento preciso de mi debilidad, casi tuvisteis éxito”. “Tú eres el monstruo aquí, no yo”…

La naturaleza Fremen de Paul le pedia sangre. Pero se detuvo mirando el color blanco lechoso de la hoja. Cómo se habría ocupado de esta situación mi padre, el Duque Leto, el Justo?, pensó. Recordó lo que había dicho antes de enviar Swain Goire al exilio. “Te condeno a vivir con lo que has hecho”. Una ola de tristeza se apoderó de Paul. No esperaba que Fenring se atormentara por la culpa, no después de su larga historia de violencia. La ejecución era demasiado fácil, y Paul ya había tenido suficiente de aquella barbarie.

Sin aviso, cortó en la parte delantera de la garganta de Fenring. Un corte exquisitamente preciso. Margot gritó. “No!”. El conde se tambaleó, levantando las manos esposadas, agarrandose fuertemente a su cuello. Pero se quedó sólo con una mancha carmín en sus palmas. “Por tradición, una vez desenfundado, un crys debe probar la sangre”, dijo Paul… “Este no es el día de tu muerte. Cada vez que veas la cicatriz que te he dejado en el espejo, recuerda que podría haber cortado más profundo… Dama Margot, has perdido a una hija, y eso ya es un terrible castigo para tu crimen, porque sé que realmente la querias. Y será tu desgracia amar a este hombre que solo merece desprecio”.

Paul se dirigió de nuevo al trono de esmeralda verde, y luego levantó un brazo e hizo un gesto desdeñoso. “En épocas pasadas, se dijo que había una maldición sobre la Casa de Atreo, mis antiguos predecesores. Ahora, yo soy el que impone una maldición. Escuchad esto!. Exilio a ambos a Salusa Secundus, en el que permanecereis encerrados con Shaddam Corrino. Por siempre. Y que tu odio por él crezca día a día”…

“Paul of Dune”, de Brian Herbert y Kevin J. Anderson.

Traduccion libre de Danienlared.

Leer parte I.

Una respuesta a “Dune: El Asesinato de Muad’Dib (y II)

  1. Muy bueno. Se siente el espíritu de papá Herbert en esto. Lamento decir que no ocurra lo mismo con otros textos de Brian Herbert y Anderson, más adecuados para una película de acción que para una saga de Dune.

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