“Sisterhood of Dune”, asi comienza (y III)

Anari salio de la bodega de carga de humanos, llevandole ante un anguloso y desactivado mek combate, que estaba como una estatua en el pasillo. Los brazos tenian cuchillas afiladas y armas de proyectil, y su cabeza chata y los sensores ópticos, parecian una burla de un rostro humano. Mirando a la máquina con disgusto, Manford sufrio otro estremecimiento. “Nunca se debe permitir que vuelva a suceder”. Anari sacó su larga espada de impulsos. “Vamos a volar estas naves de todos modos, señor…pero, me lo permite?”. Él sonrió. “Sin duda”.

Como un resorte liberado, la Maestra Espadachin atacó al parado robot, borrando de golpe los sensores ópticos del mek, y con más golpes cortando las extremidades y el torso. Desactivado desde hacia decadas. El mek ni siquiera salto con un chorro de chispas o soltando lubricante al desmembrarlo.

Mirando hacia abajo, respirando con dificultad, dijo, “Cuando volvi a la Escuela de Ginaz, mate a cientos de estas cosas. La Escuela todavía tiene orden permanente de combatir contra meks funcionales, para que los alumnos puedan practicar y aprender a destruirlos”. La sola idea agrió el humor de Manford. “Ginaz tiene demasiados meks activos en mi opinión, y me inquieta. Las máquinas pensantes no son animales de compañía. No hay ningún propósito útil en cualquier máquina sofisticada”.

A Anari le molesto la critica a sus recuerdos. Hablo con voz timida: “Es la forma en la que aprendimos a luchar, señor”. “Los seres humanos deben entrenar contra de seres humanos”. “No es lo mismo”. Anari descargo su frustración contra el ya maltratado mek. Lo golpeo por última vez, y luego siguio avanzando hacia el puente.

Encontraron varios meks mas en el camino, y ella despacho a cada uno, con toda la ferocidad que Manford sentía en su corazón. En la sala de control robótico, él y Anari se reunieron con los otros miembros del equipo. Los Butlerianos habían derribado un par de robots desactivados sentados ante los controles. “Todos los motores funcionan, señor”. Un hombre desgarbado informaba. “Podríamos añadir explosivos a los tanques de combustible, o podemos sobrecargar los reactores desde aquí”.

Manford asintió con la cabeza. “Las explosiones deben ser lo suficientemente grandes como para erradicar todas las naves cercanas. Son todavía operacionales y no quiero que se puedan utilizar incluso como chatarra. Esta todo…contaminado”. Sabía que otros no tenian tantos reparos. Fuera de su control, grupos de seres humanos corruptos recorrian las rutas de navegacion espacial para encontrar flotas intactas, y así poder salvarlas y repararlas. Carroñeros sin principios!.

La Flota Espacial VenHold era conocida por ello; más de la mitad de sus naves fueron transformadas de antiguas naves roboticas. Manford había discutido con el Directeur Josef Venport varias veces sobre el tema, pero aquel hombre de negocios codicioso se negó a entrar en razón. Manford tuvo algún consuelo al pensar que al menos estas veinte guerra enemigos no se reutilizarían.

Los Butlerianos entendian que la tecnología era seductora, llena de latente peligro. La humanidad se habia vuelto blanda y perezosa desde el derrocamiento de Omnius. La gente trataba de hacer excepciones, buscando comodidades y confort, abriendo los límites en su propio beneficio. Se engañaban y ponian excusas: que “esa” máquina puede ser mala, pero “esta” tecnología es un poco diferente y aceptable…

Manford se negó a trazar líneas artificiales. Era una pendiente resbaladiza. Algo pequeño podría llevar a otra cosa, y otra, y pronto el limite se haría un acantilado. La raza humana nunca debia ser esclavizada por las máquinas otra vez!.

Giró la cabeza para hacer frente a los tres Butlerianos en el puente. “Adelante. Mi Maestra Espadachin y yo tenemos una cosa más que hacer aquí. Enviad un mensaje a Ellus, debemos desaparecer en quince minutos”. Anari sabía exactamente lo que Manford tenía en mente. Ella había, de hecho, preparado el momento. Tan pronto como los otros regresaron a su nave, cogio un pequeño icono dorado de una bolsa en su arnés, uno de los muchos iconos que Manford había encargado. Él tomo el icono con reverencia, y miró a la imagen benevolente de Rayna Butler. Durante diecisiete años, había seguido los pasos de aquella mujer visionaria.

Manford besó el icono, luego se lo devolvió a Anari, quien lo colocó en el panel de control de la nave. Le susurró, “Que Rayna bendiga nuestro trabajo hoy y haga que tengamos éxito en nuestra importante misión. La mente del hombre es sagrada”. “La mente del hombre es sagrada”.

Corriendo, vapor frío salia al respirar aquel aire gélido. Anari se apresuró a llegar a su nave, donde el equipo sellaba la escotilla y se desacoplaba. Su nave se alejó del grupo de combate. Al cabo de una hora, todos las naves Butlerianas se reunieron, observando a la flota robotica en la oscuridad. “Un minuto en los temporizadores, señor”, transmitio Ellus. Manford asintió con la cabeza, intentando no perder de vista la pantalla, pero sin hablar. No era necesario.

Una de las naves robot exploto envuelta en llamas y metralla. En rápida sucesión, las otras naves detonaron por las cargas y el combustible que habia sido preparado, y que ayudaba a que las ondas de choque combinadas crearan una sopa de metal de vapor y gases en expansión. Por unos momentos, la vista era tan brillante como un nuevo sol, y eso le recordo a la sonrisa radiante de Rayna…entonces, poco a poco, se disipó y se desvaneció.

Cuando llego la calma, Manford habló a sus devotos seguidores. “Nuestro trabajo aquí esta hecho”.

“Sisterhood of Dune”, por Brian Herbert y Kevin J. Anderson.

Capitulo 1. Partes I y II.

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