Dune “Treasure in the sand” (parte VI)

El carguero de la CHOAM regresó al cabo de un mes, exactamente en la fecha prevista. Explorando al azar en las ruinas de Keen y el Templo derruido, Guriff ordenó a sus excavadores continuar su trabajo hasta el último minuto, con la esperanza de encontrar algún tesoro perdido para justificar la expedición. Guriff había logrado organizar lo que quedaba de su equipo, pero ya hacía dos días que el inútil sacerdote había desaparecido. Guriff había enviado un ornitóptero a buscarlo, pero abandonó el esfuerzo después de unas horas. Lokar estaba loco, y nunca debieron haber perdido el tiempo o gastado suministros en su busqueda. Pero la empresa lo había contratado, y lo hubieran despedido si no hubiera hecho nada.

Tan pronto como el gran carguero de la CHOAM aterrizó, muchos operarios surgieron de él, corriendo como hormigas en la arena. Abrieron las puertas de carga y retiraron el equipo. Guriff se sorprendió al ver al sacerdote desembarcar en las arenas quemadas junto con la hermosa y fria Alaenor Ven. Cómo habían llegado juntos?. El carguero debió haberlo encontrado vagando como un loco en la arena. Guriff no sabía por qué se habían molestado en rescatar a ese hombre.

Al observar a Lokar y la mujer hablando, sin ni siquiera mirar en su dirección, el líder de la expedición cerró los puños. Sintió la tentación de acercarse y derribar de un puñetazo al sacerdote por ser tan imprudente, y no actuar como parte de su equipo. Pero se dio cuenta de que su estallido sería pueril, y dudaba que la fria representante de la CHOAM tuviera tiempo ni paciencia para jueguecitos de poder. En cambio, Guriff decidió que sería mejor para él no hacerles el más mínimo caso, retirarse a la cámara de mando, y recoger documentos y registros. Ya vendrían por él. Selló la puerta para evitar la perdida de humedad y oxígeno, y se preparó una taza de café de potente sabor a especia, procedente de los últimos suministros que le quedaban.

Mientras estaba sentado en la cámara sellada, Guriff escuchaba el zumbido de máquinas excavadoras en el exterior, el ruido de equipos. Más excavadoras?. No sabía lo que la compañía estaba haciendo por allí, ni podía entender por qué Alaenor Ven seguía ignorandolo. Acaso no quería ver su informe?. Al fin se abrió la puerta, y entró en su cámara sin llamar o pedir permiso. Probablemente pensó que era suyo todo el campamento, ya que para eso la CHOAM se lo había suministrado.

No dejandola tomar el control de la conversación, Guriff se encaro ante su mirada de ojos azul claro. “A mi equipo y a mi nos gustaría quedarnos un mes más. No hemos encontrado la riqueza que se esperaba, pero estoy convencido de que las leyendas del tesoro del Dios-Emperador son ciertas”. No tenía ninguna evidencia directa que respaldara lo que dijo, pero él no no quiso darse por vencido. Todavía no. Ella respondió con una leve sonrisa. “Oh, el tesoro está aquí, con muchas más riquezas de las que pudimos imaginar, y quizás más de las que la CHOAM podría vender”. “Entonces las encontraré”, dijo Guriff. “Vamos a seguir investigando, seguir cavando”. “Tal vez encuentre algo de interés, pero mi transporte ya tiene la bodega llena de tesoros, algo que quizás haya pasado por alto. Es bastante ridiculo, debo decir. Encontramos al sacerdote Lokar en el desierto, y me convenció de que había encontrado algo de gran valor. Los sacerdotes son muy buenos vendedores, ya sabe “.

Guriff se puso al rojo vivo. “Que ha encontrado el sacerdote loco?. No informó de nada”. Apartó a la mujer y se dirigio al carguero. Lokar estaba en la rampa, mirando al vacio como un santo. Las últimas piezas grandes de equipo ya estaban de nuevo a bordo. Una gran parte de excavación se había hecho en la arena alrededor de la zona de aterrizaje. Guriff lo agarró por el cuello de su túnica. Se sentía traicionado. Después de todo su esfuerzo, todos los desastres a los que su equipo se había enfrentado… “¿Qué has estado ocultandome?”. “Yo he ocultado nada. Estuvo frente a vosotros todo el tiempo”. “Explicate”. “Yo soy un mensajero de Dios, elegido para continuar su gran obra. A pesar de que nuestros sacerdotes están casi todos muertos y que todos nuestros templos levantados aquí en Rakis han caido, nuestra creencia sigue estando muy extendida por toda la galaxia. Muchos nuevos cultos y sectas han surgido de nuestra creencia. Los fieles siguen creyendo. Ellos necesitan más. Ellos necesitan a su Dios Dividido”.

“Qué tiene eso que ver con el tesoro?”. Lokar se dejó caer por la rampa de la nave, sentadose allí, como si meditara. Guriff quería estrangularlo.
“Simplemente no lo entiende, Guriff”. La mujer de la CHOAM caminó tranquilamente hacia él. “El Tesoro y la riqueza son una cuestión de definiciones. Ha definido su búsqueda de manera demasiado estrecha”. Guriff subió por la rampa, haciendo caso omiso de ella, exigiendo ver exactamente lo que había cargado en la bodega. Los trabajadores de la CHOAM y la Cofradia Espacial habían regresado a sus asientos, y se disponían a despegar. Cajas de suministros del nuevo campamento quedaban en el desierto dispuestas a ser apiladas por los excavadores. Sin duda era lo suficiente como para pasar allí un mes más. Le pediría a la mujer se llevara a Lokar cuando despegara.

Guriff se abrió camino por el pasillo de la nave con Alaenor Ven tras él. Llegó a la parte de atrás, donde una escotilla llevaba a la bodega de carga. “Se olvidó de reconocer la importancia y el poder de la religión”, oyó decirle. “Incluso si los fanáticos no son personas ricas, sacrificarán todo lo que tienen por pagar por algo que crean que es importante. Ellos realmente veneran a su Dios Dividido”. Guriff operó los controles de la bodega, pero al precipitarse no pulsó el botón apropiado y se dió un golpe con la escotilla. Finalmente se abrió. Toda la bodega del carguero estaba llena de arena. Arena común.

La mujer CHOAM continuó sonriendo. “Los fieles buscan cualquier tipo de artefacto de Rakis. Reliquias sagradas. Incluso en el mejor de los casos, sólo los más ricos y más fieles pueden darse el lujo de hacer una peregrinación a su Dune sagrado. Ahora que el planeta está muerto y casi no hay peregrinaciones, todos los restos del bendito Dune valen aún más “. “Está pensando en vender arena?”. “Sí. Hermoso en su sencillez, no es cierto?”. “Nunca escuche nada tan absurdo”. “La CHOAM solicitará los derechos mineros necesarios y patentes para evitar la pirateria. Cuando se corra la voz, por supuesto, habrá contrabandistas, pero esos son todos los pequeños problemas a los que podríamos enfrentarnos”.

Lokar se acercó a ellos y sonrió mientras miraba en el polvo en suspensión de la bodega llena de arena. Dando un paso adelante, se inclinó y metió las manos en ella, tirandola a puñados. “No es maravilloso?. Por todo el Imperio Antiguo, incluso un pequeño vial de esta arena se venderá por muchos solaris. La gente hará cola por un solo grano, por tocar el polvo con sus labios”. “La arena debe fluir”, dijo la mujer. “Vosotros dos sois un par de idiotas!”. Disgustado, Guriff salió del transporte y fue a encontrarse con lo que quedaba de su tripulación. Se mostraron felices por los víveres frescos recibidos. Cuando le preguntaron por el sacerdote, y por lo que la representante de la CHOAM le había dicho, se negó a responder ásperamente, ordenadoles que volvieran al trabajo. Todos ellos habían arriesgado todo por venir aquí, y tenían que encontrar algo que valiera la pena en Rakis. Algo más que arena.

A medida que el carguero despegaba, levantando un gran chorro de arena a su alrededor (sin ningún valor en su opinión), Guriff observaba el paisaje estéril, y se imaginaba el verdadero tesoro que allí había, el tesoro que él iba a encontrar.

FIN

***Por Brian Herbert y Kevin J. Anderson (Agosto 2006. Publicado en la web de ciencia-ficcion de Jim Baen, y re-editado el 26 de junio 2007 en la edición de EE.UU. de bolsillo del “Cazadores de Dune”).

***Traducción libre de Danienlared.

***Dune: Treasure in the sand. Parte I, II, III, IV, V

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