Dune “Treasure in the sand” (parte II)

Como si fueran unas abejas obreras frenéticas, los cazadores de tesoros encendieron sus equipos, listos para comenzar el trabajo. Guriff y sus hombres se dispersaron con las sondas de mano, utilizando varios modelos de escáneres ixianos de penetración en el suelo, en un inútil intento de encontrar algo a través de la superficie de arena. Lokar los miraba con paciente escepticismo. El Dios Dividido nunca haría su trabajo de manera tan sencilla. Tendrían que trabajar, sudar y sufrir para lograr resultados. Estos hombres tendrían que aprenderlo, él ya lo sabía.

Caía la tarde, con el sol bajo en la atmosfera agitada, pero los hombres estaban ansiosos por ponerse en marcha, frustrados por la larga espera de la jornada. Hicieron mucho ruido, a diferencia de los viejos tiempos cuando esas vibraciones atraían a los monstruosos gusanos. Ya no era así. Lokar se sintió triste.

Apartandose de todos, marcho hacía un lugar bajo, una depresión vidriosa que tenía algo que le hacía pensar que esto podría ser el centro de la ciudad perdida. Se situo cerca de unas rocas escarpadas en las que distinguia el lugar dentro de un entorno sombrio. Tenía buenas sensaciones, como si toda su vida y todas sus experiencias, grandes y pequeñas, le habían apuntado en esta dirección.

Los sacerdotes del Dios Dividido había puesto a salvo muchos de los tesoros del Dios-Emperador en su templo de la ciudad de Keen. A pesar de que tenía sólo un rango medio, Lokar había visto una vez las protegidas bóvedas subterráneas. Tal vez las cámaras estaban suficientemente enterradas bajo la superficie para haber sobrevivido al bombardeo.

El aire, seco y fino, era inquietantemente fresco, como si el gran horno del planeta se hubiese apagado. Pero él no podía dejar de creer que su Dios Dividido aún vivía allí, de alguna manera. Mientras miraba fija e hipnótica atención la brillante superficie fundida, Lokar comenzó a apreciar todo un conjunto diferente.

Caminó alrededor de la ciudad arrasada sintiendo aún mayores sensaciones. Con cada paso del camino, sabía exactamente dónde estaba. Cuando entrecerró los ojos, las estructuras antiguas comenzaron a aparecer en torno a él como espejismos, bailando en la arena de color espectral, vacilantes, como si su mente tuviera su propio escáner. Estoy volviendome loco o recibo una guía divina?.

A unos cientos de metros de distancia, los demás se reunieron alrededor del líder de la expedición; enfadados, lanzando al suelo y maldiciendo sus inutiles sondas. Pellenquin gritó: “Nos lo dijeron. Nuestros condenados escáneres no funcionan aquí!”.

Aunque Guriff sacó un mapa, impreso en papel fino de especia, él y sus compañeros no podían obtener lecturas. Molesto, se lo metió en el bolsillo.

“Tal vez nuestro sacerdote tenga una revelación”, dijo Ivex con una sonrisa forzada.

Guriff los llevó a Lokar. “Sacerdote, es mejor que empieces a ganarte el sueldo.”

Aún viendo las imágenes espectrales de la ciudad perdida, asintió con la cabeza distraída. “El Dios Dividido está hablando a través de este planeta. Toda su tecnología no lo destruyó. Rakis aún tiene pulso.”

“Nosotros no lo destruimos”, protestó Pellenquin. “No nos culpe a nosotros por ello.”

“La humanidad es un solo organismo. Todos somos responsables de lo que ocurrió aquí”.

“Esta hablando raro”, dijo Ivex. “Otra vez más”.

“Si te empeñas en pensar de esa manera, nunca entenderas nada.” Lokar entrecerró los ojos, y el esplendor ilusorio de la gran ciudad bailó más allá de los hombres. “Mañana, te mostraré el camino”.

Mientras dormía solo en su frágil tienda, escuchando el susurro silencioso del exterior, Lokar vivió un sueño peculiar. Vio el templo de Keen, restaurado en todo su esplendor, con sacerdotes vestidos de negro haciendo su trabajo como si el Dios Dividido pudiera vivir para siempre.

Lokar no había formado aparte de la elite de los sacerdotes, a pesar de que se habían sometido a los rituales y las pruebas que algún día podrían concederle la entrada a los santuarios más secretos. En su sueño, miraba por la rendija de la ventana de una torre que daba a la arena, el reino de los santos gusanos. Una procesión de sacerdotes encapuchados entraron en la habitación de la torre y se reunieron alrededor de él. Se quitaron la capucha para revelar sus rostros: Guriff, Pellenquin, Ivex, y los demás.

Aquello lo despertó, y se sentó en la oscuridad de su tienda. Asomó la cabeza a través de los pliegues, oliendo la humedad, que era diferente de cualquier olor rakiano que pudiera recordar. ¿Qué le había hecho el bombardeo a los ciclos de agua en este planeta?. En otros tiempos, había escondites subterráneos de agua, pero los destructores los habrían dañado, abierto sus sellos. Respiro hondo, saboreando el olor. Aire húmedo en Rakis!.

Sobre el horizonte del este, desconcertantemente escarpado y bacheado, el cielo brillaba de color rojo suave y luego se iluminó con el amanecer. Los buscadores de tesoros salieron de las rígidas paredes de los refugios y arremolinandose.

***Por Brian Herbert y Kevin J. Anderson (Agosto 2006. Publicado en la web de ciencia-ficcion de Jim Baen, y re-editado el 26 de junio 2007 en la edición de EE.UU. de bolsillo del “Cazadores de Dune”).

***Traducción libre de Danienlared

***Dune: Treasure in the sand. Parte I, III, IV, V y VI

2 Respuestas a “Dune “Treasure in the sand” (parte II)

  1. Me alegra os este gustando (las estadisticas de visitas lo demuestran). El desenlace lo tendreis al final, en la 6º parte 😉

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