Dune “Treasure in the sand” (parte I)

“Cuando el último gusano muera y la ultima melange se recoja de nuestras arenas, estos tesoros profundos surgiran a lo largo de nuestro universo. A medida que el poder del monopolio de la especia se desvanezca y los arsenales ocultos dejen su marca, nuevos poderes apareceran a lo largo de nuestro Imperio”. -Leto Atreides II, Dios Emperador de Dune.

Mientras presionaba con los dedos la ventana exterior de la nave de aterrizaje de la Cofradia Espacial, Lokar miraba el mundo devastado que estaba bajo el. Rakis, una vez llamado Dune, el hogar santo de los gusanos de arena, la única fuente natural de la especia, el lugar donde el Dios Emperador Leto II se había unido a la arena…Ahora todo estaba muerto, incinerado por los destructores de las Honoradas Matres…

“El planeta parece una costra gigante. Cómo puede quedar algo ahí abajo?”, preguntó Dak Pellenquin. A Lokar no le gustaba; era el miembro de la expedición que más había hablado, y reido mas fuerte, durante todo el viaje. “Una costra gigante. Esta expedición merece que perdamos el tiempo?. Alguien piensa lo mismo?”.

“Vamos a encontrar todo lo que haya que encontrar”, lo interrumpio Guriff, el líder de la expedición. “Nuestro sacerdote nos mostrará dónde cavar.” Guriff tenía el pelo rapado y oscuro, ojos pequeños, y una barba hirsuta en la barbilla, que no importaba las veces que se afeitara, siempre destacaba. “Cualquier cosa que quede ahí abajo. El planeta entero es nuestro y tomaremos lo que queramos”.

“Sólo porque nadie lo quiere”, dijo un hombre bajo y fornido. Tenía una expresión jovial, pero con una mirada fria tras su sonrisa forzada. Se llamó a sí mismo Ivex, aunque decía que ese no era su verdadero nombre. Apoyó los pies sobre el asiento vacío frente a él.

Lokar no respondió a ninguno de ellos, agarrado a sus oraciones como a un salvavidas, con los ojos cerrados. Unirse a estos buscadores de tesoros en el planeta de partida de Cherodo, había sido un riesgo, pero el piadoso sacerdote había considerado sus opciones. Rakis fue el más sagrado de todos los mundos, hogar de los gusanos de arena que formaban parte del gran Dios Dividido. Estaba lejos de Rakis, en una misión, cuando sucedió el cataclismo. Lokar había sobrevivido de pura suerte, o por destino divino. Debía recuperar lo que pudiera, aunque no estuviera entero.

Los escaneres se habían mostrado imprecisos desde el bombardeo, y Lokar se había ofrecido a utilizar sus propios instintos y conocimiento de primera mano para guiar sus búsquedas. Entre las muchas malas decisiones, ésta era la que tenía más sentido, la única manera que podía permitirse el lujo de viajar de regreso a lo que quedaba de su amada Rakis. Una peregrinación última y desesperada.

Había accedido a acompañar a esta “expedición arqueologica” – ¡qué eufemismo! – En condiciones muy específicas. La CHOAM, la antigua y poderosa organización de comercio, financió la expedición por sus propias razones, con la esperanza de un beneficio financiero. Se había aceptado las peticiones del sacerdote, redactado un contrato, y especificado los términos. El sacerdote del Dios Dividido podría mostrar a los excavadores los lugares donde trabajar, y los hombres Guriff podrían tomar todos los tesoros físicos que lograran extraer de las arenas devastadas, pero cualquier reliquia sagrada debía ser entregada a Lokar (aunque la distinción entre “sagrada reliquia” y “tesoro” quedó en una incómoda nebulosa).

Una esbelta mujer salió de la cabina y miró a la amalgama de miembros de la expedición. Estaba en representación de la CHOAM. Alaenor Ven tenía el pelo de color oro rojizo, y le colgaba de sus hombros de una forma tan precisa y recta, que parecía estaba en un campo de nulantropia propio. Sus ojos eran de azul cristalino, sus rasgos faciales estaban perfectamente (y probablemente artificialmente) esculpidos, pareciendo los de un maniquí. En cierto modo, su propia falta de defectos la hacía parecer fría y poco atractiva.

“La CHOAM les ha proporcionado todo el equipo que van a necesitar. Cuentan con dos tópteros, dos vehiculos terrestres, refugios prefabricados, las máquinas de excavación, y provisiones para dos meses. Los analisis de las sondas indican que el aire es respirable. Incluso con todo el plancton de la arena muerto, el nivel de oxígeno se mantiene aceptable, aunque disminuido”. Ivex dejó escapar una risa burlona. “Cómo puede ser, si el plancton de la arena crea el oxígeno, y se quemo todo?”. “Yo simplemente describo las lecturas, no las explico. Ustedes tendrán que encontrar sus propias respuestas.”

Escuchando sin participar, Lokar asintió en silencio para sí mismo sobre la explicación obvia: Fue un milagro. Siempre ha habido misterios sobre el planeta Dune. Este fue sólo uno más.

“No caigan en un exceso de confianza. Rakis sigue siendo un medio hostil.” Les miró de nuevo. “Tomaremos tierra en cuarenta minutos. Nuestro horario sólo nos permite tres horas estándar para descargar y hacer los preparativos.”

Los once miembros del equipo se removieron en sus asiento, escuchando aquello con atención; dos fingían dormir, como si ignoraran los retos a los que se enfrentaban, los tres restantes se asomaron por las ventanas con una mezcla de interés e inquietud. Pellenquin gritó, “Tres horas?. No puedes esperar un día o dos?. Podemos quedarnos atrapados allí”.

Guriff frunció el ceño mientras se dirigió al miembro de su expedición. “La Cofradía Espacial tiene horarios y clientes. Si no confía en sus habilidades de supervivencia, Dak, entonces no tiene sentido que este en mi equipo. Rompa el contrato y vuelva con Alaenor Ven, si quiere.”

“No me importaría si ella me lleva”, dijo Ivex con un resoplido. Algunos de los otros se rieron en sus asientos. La expresión de la fria y hermosa mujer de la CHOAM no cambió en absoluto.

En lo alto, el enorme crucero que les había traído hasta aquí, permanecía en órbita sobre el planeta desierto y quemado cuando el transbordador aterrizó. La superficie había sido totalmente destruida por aquellas armas devastadoras, y las ciudades arrasadas, las montañas ahora eran de cristal, los océanos pura arena vitrificada. Apenas quedaban marcas reconocibles en la superficie, por el magnetismo impredecible del planeta, pero el escaneo de las sondas había encontrado suficiente cantidad de restos de calles para identificar a la ciudad sepultada de Keen. El equipo instalo un campamento allí.

Cuando las puertas del carguero se abrieron en la llanura vidriosa abrasada, el equipo de Guriff llevaba intensificadores de oxígeno con tanques suplementarios sobre sus hombros – pero Lokar fue el primero en retirar su respirador e inhalar profundamente. El aire estaba enrarecido y seco, con un desagradable olor a quemado, pero aun así, cuando él le llenó sus pulmones, le supó a dulce. Regresaba a su casa. Cayó de rodillas en la dura y quemada arena, dando gracias al Dios Dividido por traerlo de vuelta con vida, y por ayudarlo a continuar su trabajo santo.

Guriff se acercó al sacerdote arrodillado y lo empujó bruscamente. “Ahora a trabajar, y a rezar mas tarde. Va a tener tiempo de sobra para estar en comunión con el desierto, cuando hayamos establecido el campamento.”

Con un horario apretado, la tripulación se lanzó a la tarea que tenían entre manos. Guriff les gritaba órdenes, y los excavadores le hacían caso o le ignoraban, pero de alguna manera todo lo que se iba desarrollando según lo previsto. Descargaron los transportes terrestres y tópteros las estructuras del refugio, las tiendas prefabricadas, las cajas de alimentos, y los barriles de agua. Para proteger a los tópteros y vehiculos de exploración, montaron un hangar.

Como refugio propio, Lokar había pedido una tienda del desierto sencilla. Para entender realmente este planeta, para tomarle el pulso, los libros sagrados del Dios Dividido decían que era mejor vivir en la superficie y en las formaciones rocosas naturales, frente al calor, las tormentas de arena, y los gusanos gigantes. Pero este no era el Rakis antiguo, era una enorme extensión de arena arrastrada por el viento. Gran parte de la arena suelta se había convertido en vidrio, y seguramente los gigantescos gusanos de arena habrían muerto abrasados. Se había perdido toda vida en Rakis.

Los excavadores hablaban con entusiasmo del gran tesoro del Dios-Emperador que se decía aún ocultaba Rakis. Aunque nadie había encontrado nada en miles de años, debido a las condiciones actuales de Rakis, esperaban que la devastación habría hecho emerger algo de las profundidades.

En menos de una hora estándar, habían descargado los equipos y suministros. Mientras, la representante de la CHOAM miraba la tierra baldía, consultando con frecuencia el cronómetro de su muñeca. Dio un paso atrás en el transporte cuando llegó la hora. “Una nave vendra por todo lo que hayan encontrado dentro de treinta días estándar. Contará y evaluará cualquier cosa de valor que conserve este planeta”. Alzó la voz: “No nos defrauden!”.

Con un zumbido de los motores a suspensión y un rugido en el aire, el gran transbordador ascendió hacía la atmósfera rakiana, dejando a Lokar y los hombres de Guriff solos en el planeta…

***Por Brian Herbert y Kevin J. Anderson (Agosto 2006. Publicado en la web de ciencia-ficcion de Jim Baen, y re-editado el 26 de junio 2007 en la edición de EE.UU. de bolsillo del “Cazadores de Dune”).

***Traducción libre de Danienlared.

***Dune: Treasure in the sand. Parte II, III, IV, V y VI

Una respuesta a “Dune “Treasure in the sand” (parte I)

  1. Interesante, muy interesante.

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