Dune: Los duros inicios de la Nueva Hermandad

Como una emperatriz dragón contemplando a sus súbditos, Murbella estaba sentada en un elevado trono en la inmensa sala de recepción de Central. Casa Capitular era escenario de una peculiar guerra civil. Las Reverendas Madres y las Honoradas Matres se unieron con tanta armonía como dos naves espaciales al chocar. Murbella, siguiendo el plan de Odrade, no les dejó otra opción. Ahora Casa Capitular era el hogar de los dos grupos.

En la Hermandad no todas habían aceptado aquella apuesta de buena gana. «Sobrevivir a costa de destruirnos a nosotras mismas no es sobrevivir», había dicho Sheeana antes de que ella y Duncan huyeran en la no-nave. Una auténtica declaración de intenciones. ¡Duncan!. ¿Es posible que la madre superiora Odrade no hubiera adivinado lo que Sheeana pretendía?. -Por supuesto que lo sabía, dijo la voz de Odrade desde las Otras Memorias. Sheeana me lo ocultó durante mucho tiempo, pero al final lo supe. -¿Y no me advertiste?

Murbella vio que dos guardas llevaban a su presencia a una prisionera. Otro problema de disciplina que debía solucionar. Otro castigo ejemplar. Aunque semejantes demostraciones horrorizaban a las Bene Gesserit, las Honoradas Matres las apreciaban. Aquel caso era más importante que la mayoría, así que se ocuparía personalmente. Se acomodó la túnica negra y dorada sobre el regazo, un ropaje de mando. Aunque recibían las enseñanzas de la Hermandad, las Honoradas Matres se aferraban a sus vestiduras tradicionales, capas y fulares con dibujos de serpientes y mallas ceñidas que cubrían todo el cuerpo. En contraste, las Bene Gesserit evitaban los colores llamativos y se cubrían con túnicas negras y amplias…

-No me interesa nada de lo que quieras decirme, Annine. Has hablado demasiado. Aquella mujer había criticado el liderazgo de la madre comandante con demasiada frecuencia, había convocado sus propias reuniones y había hablado en contra de la unificación de Honoradas Matres y Bene Gesserit. Algunas de sus seguidoras habían llegado incluso a abandonar la ciudad principal y habían establecido una base en los territorios deshabitados del norte. Murbella no podía permitir que un acto de provocación semejante quedara impune.

-Un derroche de material humano en bruto. Mujeres de ambas facciones observaban la escena desde los lados de la gran sala. Ambos grupos parecían reacios a mezclarse y permanecían separados: «rameras» a un lado y «brujas» al otro. Como aceite y agua. -A lo largo de los años he encontrado a muchas que me desafiaron y las he matado a todas, dijo Murbella. Me he enfrentado a Honoradas Matres que no reconocían mi mandato. Me enfrenté a las Bene Gesserit que se negaban a aceptar lo que hago. ¿Cuánta sangre y tiempo más tendré que malgastar en esta estupidez cuando tenemos un Enemigo real que nos acosa?. Sin soltar las ataduras o aflojarle la mordaza a Annine, Murbella se sacó una reluciente daga de la cintura y se la clavó en la garganta. Nada de ceremonias ni dignidad…¿para qué perder el tiempo?.

En la galaxia, las Honoradas Matres implacables e indómitas, que seguían superando ampliamente en número a las Bene Gesserit, operaban en células independientes, en grupos discretos. Muchas de ellas se negaban a reconocer la autoridad de la madre comandante y continuaban con su plan original de acuchillar y quemar, destruir y huir. Antes de enfrentarse el verdadero Enemigo, Murbella tendría que hacerlas entrar en cintura. A todas…

“Cazadores de Dune”, de Brian Herbert y Kevin J. Anderson.

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