Dune: El tumulo del Duque Leto

Un sereno oceano de arena llegaba hasta donde alcanzaba la vista, silencioso y tranquilo, llevando el potencial de terribles tormentas. Arrakis, el sagrado mundo de Dune, se habia convertido en el ojo del huracan galactico…Aqui, en las montañas desoladas, Paul se sentia pequeño. No necesitaba de un guia Fremen, y apreciaba cada momento de tranquilidad lejos de los gritos que lo aclamaban como a un Mesias, el que habia trazado un rumbo, como gran navegante de la humanidad…

Su amada Chani le acompañaba, al igual que su madre, Jessica y su hermana pequeña, Alia. Ascedian el Paso Harg, embitidos en sus destiltrajes, que Paul aprecio eran de menor calidad que ninguno que Paul usara como un fugitivo entre los Fremen. Tras seleccionar una posicion perfecta en el risco, deshizo el paquete que llevaba con una reverencia comparable que solo habia visto en las caras de sus mas devotos seguidores. En silencio, descubrio una calavera y varios huesos rotos, los cuales habian sido guardados por los Fremen durante años tras la caida de Arrakeen por los Harkonnen. Eran los restos del Duque Leto Atreides

Jessica dijo: -Es bueno que le dejemos al fin descansar. -Debemos mantener este sitio en secreto, Usul. No dejes marcas. Debemos protegerlo, dijo Chani. -No importara lo que hagamos. Los turistas lo encontrarian, y seria un circo…-Y asi debe ser hecho, el construir una leyenda apropiada. Mi hermano creara una leyenda por si mismo, para sus propios propositos. -Tendre Feadykin guardando este lugar. Nadie saqueara esta tumba, dijo Paul. Alia tiene razon…Paul miro fijamente la calavera de su padre, como si pudiera ver su rostro: la nariz aquilina, los ojos grises…Aprendi mucho de ti, Padre. Me enseñaste el honor y a ser un lider. Solo espero que me enseñaras lo suficiente, penso…

Paul apilo piedras sobre los restos, hasta que los cubrieron completamente. Se echo hacia atras para que todos aquellos que habian querido a Leto tuvieran un momento que compartir unidos. Finalmente, Paul hablo por el comunicador: Korba, ya estamos listos”. Casi inmediatamente, ruidosos motores de unos topteros rompieron la calma del desierto. Tras ellos, aparecieron unos vehiculos pesados con unos enormes bloques de piedra llevados por suspensores. Esculpidos por artesanos, una vez ensamblados, se convertirian en una piramide cuyos frisos contarian los grandes momentos de la vida del Duque. Jessica miro los restos de Leto, dejandolos en su memoria grabados a fuego para no olvidar, no queriendo ver la monstruosidad que tomaba forma…

-Muad’Dib, crearemos aqui un monumento digno de tu padre. Todos deben admirar a nuestro Emperador y a aquellos que han estado junto a ti, dijo Korba. -Si, deben hacerlo, dijo Paul, pero no creyo que Korba cogiera el tono ironico de la respuesta.

“Paul of Dune”, de B.Herbert y Kevin J. Anderson

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