Mederenor. Capítulo 6. Intercepción

“El pasado, influye en nuestro presente de una u otra manera, más de lo que podemos imaginar en un principio, no obstante, el presente y el futuro en cierta medida dependen de nosotros, solo de nosotros y nuestros insignificantes actos cotidianos”. Conde Alexander Von Hassler (Las marcas de la experiencia, son las marcas de la vida).

A no muchos metros de distancia el Conde Alexander Von Hassler observaba los movimientos de su Homofel y sus comandos, siguiendo a rajatabla con las órdenes impartidas por su persona, en su momento. La Homofel demostraba en cada trabajo que se le encomendaba una pericia y eficacia de lo más notable. Sobre la palma de su mano se deslizaba una ristra de imágenes desde diferentes ángulos, distancias y perspectiva, captada por media docena de Explocam, que le suministraban las evoluciones tanto de sus comandos como de la gravito—limusina que se acercaba hacia ellos. 

Las explocam eran cámaras exploradoras, equipadas con minidiscos anti—g, y lentes situadas tanto lateral, como frontal y verticalmente, permitiéndole adquirir planos desde las posiciones más inverosímiles, otorgándoles gran capacidad de visualización. Solían ser dirigidas por un usuario a control remoto, equipado con un holoteclado de pulsera. Pero en este caso el Conde las había modificado para ser controladas vía satélite por uno de los Neuroimplantes de Mesala. Lo cual le permitía controlar a más de una al mismo tiempo, pudiendo así cubrir un rango de acción mucho más amplio.

Estaban protegidas con una dura y ligera carcasa de plastanio. Poseían sensores—identificadores de ADN y Scaners capaces de detectar e identificar a Sintoides y Androkazes de última generación. Eran muy utilizadas en tareas de vigilancia y rastreo, así como en conflictos interurbanos, aunque también existían prototipos usados en primera línea de batalla, en zonas de guerra. Como las que estaba usando en aquel instante Mesala. Eran también adaptables a la búsqueda marina, poseyendo un rango de acción de gran alcance. Sus termo—rastreadores estaban capacitados para localizar cualquier tipo de vida biológica.

Poseían baterías recargables, aunque solían funcionar con pilas de Vignis. Algunos modelos de reciente gama estaban capacitados para identificar rastros incluso a nivel molecular. Aunque el Conde había bloqueado todas las salidas del planeta Ekatón para localizar y atrapar a los conspiradores, estos había, logrado escapar por muy poco, aumentando las apuestas y permitiendo al señor de Ekatón demostrar a Itsake su mortal forma de arreglar sus asuntos domésticos. El Conde envió una señal silenciosa a sus Walkirias, estas descendieron en abanico ocultos por camuflajes termo—ópticos. Sus ojos de nuevo buscaron a Itsake.

La Homofel observó como los artilleros de los Levito—Tankes aseguraban sus zumbadoras de disparo ultrarrápido desde sus torretas giratorias. Parecían respirar muy de cerca el peligro. Dibujándose en sus semblantes una expresión de alerta y preocupación. Súbitamente desde las rocas, sus comandos empezaron escupir a ambos lados del cañón en su parte más estrecha, ráfagas de disparos laser de gran intensidad. Algunos Comandos se elevaron equipadas con sus cinturones anti—g y armadas con un bazooka ligero, el cual tras calibrarlo en cuestión de segundos disparaba un misil a la misma altura que los helitransportes. Uno de estos estalló en el aire, un segundo fue alcanzado en la parte de cola, pero los otros dos abrieron fuego despedazando en el acto a las Walkirias que tenían a su alcance de tiro. Aprovechando la estrechez de aquel tramo el cañón, el señor de Ekatón había creado un cuello de botella bloqueando a la caravana por ambas partes del camino. Dos enormes tanques blindados de gran tonelaje bloquearon las salidas, los vehículos de la caravana ahora no podían ni avanzar, ni retroceder.

De un solo terrible disparo dos vehículos explosionaron, desperdigándose en multitud de ennegrecidas y retorcidas piezas metálicas. El par de coches—aéreos de escolta que quedaban formaron un círculo defensivo alrededor de la Gravito limusina, junto a los otros cuatro levito—Tanques ligeros. De sus puertas brotaron una treintena de hombres, desenfundando sus subfusiles y cargando sus rifles, formando un nutrido círculo alrededor y aprovechando el blindaje de los carros para protegerse e iniciar un potente fuego de cobertura, pretendían resistir hasta la llegada de refuerzos. Eventualidad que el Conde había previsto controlando las comunicaciones de los satélites, la ayuda nunca llegaría.  Los helitransportes estaban causando una autentica carnicería entre las Walkirias. A una señal del Conde una escuadra de Levita—Trineos hábilmente ocultada con anterioridad, se elevó verticalmente por uno de los desfiladeros cercanos al cañón. De un solo ataque fulminaron ambos helitransportes. El Conde aprovechando ahora su superioridad aérea, ordenó sobrevolasen la caravana, de sus compuertas empezaron a caer un ramillete de Walkirias equipadas con cinturones anti—g, disparando ininterrumpidamente. Aún así los Artilleros de los Levito—Tanques ligeros hicieron un par de blancos sembrando el cielo de un cegador y brillante destello. Una brutal y desesperada lucha cuerpo a cuerpo se inició a continuación, gritos, chillidos y disparos se vieron cubiertos por una espesa cortina de polvo.

Entonces las Walkirias del Conde intervinieron, desactivaron sus sistemas de camuflajes y protegidas por mascaras oscuras se precipitaron activando sus guanteletes de energía, soltando descargas muy rápidas y potentes. Una de ellas comenzó a moverse con una velocidad inusitada, desarmando a un primer defensor, golpeando con un pie a un segundo y carbonizándole el rostro a un tercero apretándoselo con el guantelete de energía de su mano derecha. Otra Walkiria de un solo golpe con el canto de su mano partió la espina dorsal de un enemigo. Seguida por una tercer y cuarta guerrera ambas dieron un tremendo salto en el aire y decapitaron a un artillero y un oficial con sus pies de una potente patada.

De las yemas de sus dedos comenzó a brotar una serie de hilos laser que comenzaron a seccionar toda la carne y metal que se encontraban a su paso. Itsake se unió a la lucha directamente con un mortal golpe al estomago de un rival, atravesándolo de parte a parte con sus garra retractiles. Dirigiéndose directamente a la puerta de la Gravito—limusina. Para su sorpresa esta se abrió automáticamente mostrándole una esfera azulada adquiriendo un brillo de más y más intensidad. Los combatientes, tanto atacantes como defensores cayeron de rodillas llevándose las manos a la cabeza.  El fragor de la lucha apenas llegaba a los oídos del Conde, percatándose como al final después de un minuto más de batalla, el polvo se posaba, mostrando numerosos de uniformes negros en el suelo, tanto de atacantes como defensores.

Súbitamente los supervivientes comenzaron a atacarse unos a otros, Walkirias contra Walkirias e incluso entre los soldados de Septem. El Conde se percató de cómo Irene Svelenkova había logrado activar la esfera de Vonto, anulando y controlando la voluntad y psique de sus soldados. Consciente del peligro soltó un grito a su Homofel. ¡Itsake!.

Itsake se precipitó y de un zarpazo le arrancó la esfera para sorpresa de Irene. — ¡No puede ser! —chilló estupefacta al comprobar cómo el poder de la esfera no ejercía efecto alguno sobre Itsake. — ¡Deberías doblegarte ante el poder de la esfera! —le recriminó desquiciada. Sibius trató de proteger a su ama en vano, siendo fácilmente reducido por Itsake. Desactivada la esfera, las Walkirias y escasos supervivientes dejaron de luchar siendo socorridos por nuevas unidades de refuerzo del resto de Levita—Trineos. El Conde pudo comprobar cómo algunas de sus Walkirias al luchar entre si habían salido muy mal paradas.  –El poder de la esfera solo funciona en psiques humanas, Itsake es una Homofel, solo es humana en parte, por eso no puede ejercer efecto alguno sobre ella — dijo el Conde avanzado lentamente escoltado por Mesala, sus comandantes y un fornido grupo de Walkirias Escorpión. Itsake le entregó la esfera a su señor este la estudió con fijeza por unos segundos. De un rápido vistazo observó como el pelo de algunos hombres, estaba chamuscado por los disparos laser o carbonizada parte de sus facciones. El olor a orina y excrementos, las primeras señales de defecación y tumefacción no se hizo esperar. No en vano estaban en un lugar especialmente caluroso en aquella época del año. Irene Svelenkova le miró asombrada. El Conde a su vez la miró con curiosidad y severidad a un mismo tiempo.

–Sabéis…esta esfera fue en su día creada con mi padre con una noble intención para evitar que la violencia destrozase a los hombres, nuestra difunta imperatriz intentó robarla también y pagó por ello con la vida, pero eso ya es otra historia y ahora debemos concluir la vuestra, creedme me jacto de ser una persona que se esfuerza por ser justa y equitativa a la hora de tomar sus decisiones, así que me veo obligado a comunicaros que vos también pagareis con la vuestra…

“Mederenor”, por Gabriel Guerrero Gomez.

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