Mederenor. Capitulo 4. Comandos

“No debemos olvidar que la pobreza es una forma de control y sometimiento del pueblo para inducirle a una incesante lucha por los medios (controlados por un estado corrupto) para asegurar sus necesidades más básicas de supervivencia, salud, seguridad, alimento o educación…entre otras muchas cosas”.

Conde  Alexander Von Hassler (El ancestral Arte de gobernar).

Itsake, la exuberante Homofel del Conde aguardaba en silencio, la orden de ataque de su señor. Se hallaba oculta junto a un grupo de las más selectas guerreras del Conde, conocidas como “Comandos Escorpión”. Estas accedían trabajar bajo sus órdenes a regañadientes, la temían (no en vano era una Homofel letal en la lucha cuerpo a cuerpo y la odiaban, celosas por las preferencias que su señor estaba mostrando ante aquella salvaje esclava).

Su posición de observación era discreta y adecuada, ocultas sobre un saliente de los rojizos cañones de Zarum, en la parte suroeste del planeta Mederenor, estaban realizando lo que el Conde había denominado como una operación de caza y captura. Si la información de sus agentes de campo era correcta, una gravito limusina y su escolta cruzaría la parte interior del cañón, directos al espacio puerto más cercano, con el propósito de tomar una nave con destino a Septem.

Sus ocupantes y piezas de caza, no eran otros que Irene Svelenkova artífice del complot contra el Conde y su leal mayordomo y ayudante conocido como Sibius. Ambos ignoraban como la esfera de Vonto, tan hábilmente sustraída de la residencia del difunto padre del Conde, poseía un dispositivo de seguimiento que se activaba en el caso de ser sustraído y tocado digitalmente por otra persona, que no fuese su legítimo dueño.

Tal medida fue ideada en su día por Héktor Von Hassler, para que la propia Imperatriz no pudiese hacerse con el mismo. Solo el Conde, (el cual poseía el mismo ADN que el padre) podía usarla y activarla, junto a la configuración molecular de sus hemisferios cerebrales, un truco identificativo que nadie conocía salvo el señor de Ekatón. Aunque hipotéticamente los ladrones hubieran de algún modo logrado activarla, ignoraban que una vez activado era necesario renovar un código identificativo de revisión, cada tres días de lo contrario el contenido de la esfera se bloquearía automáticamente.

En un principio el propio señor de Ekatón se había sentido desorientado al no poder identificar pautas biológicas alguna que identificasen al ladrón o ladrones que habían penetrado y violado los laboratorios de su padre en Ekatón, pero esta incógnita pronto quedó despejada al comprobar que el acompañante de Irene Svelenkova era un Sintoide cuyo código de serie indicaba ser de los más antiguos aún en activo y cuyas pautas de funcionamiento diferían en muchos aspectos de los seres humanos, al ser un prototipo en algunos aspectos no tan perfeccionado como los actuales de última generación, increíblemente parecidos a los seres humanos. Los Comandos del Conde habían logrado seguir la señal hasta el planeta y una vez localizada allí, no habían hecho otra cosa que usar los satélites para proseguir la caza.

Aún faltaban unos minutos para que sus objetivos cruzasen por aquella zona, tiempo que Itsake aprovechó para centrarse en sus pensamientos. Itsake había comprobado como una, de las piezas fundamentales del poder del Conde eran las Walkirias Imperiales, en especial sus comandos “Escorpión”. Los Comandos “Escorpiones” eran un selecto cuerpo de élite que rendía obediencia únicamente al señor de Ekatón. El Conde Alexander Von Hassler. En ocasiones habían, efectuado misiones con los Casacas Negras del Imperator del planeta Ákila, pero siempre bajo la supervisión del Conde. Eran educadas y adiestradas desde su infancia para servir con una lealtad casi fanática a su señor.

Todas poseían el grado de oficial y eran escogidas por ser las más brillantes en sus hojas de servicios. Cada una había sido sometida a prueba y rigurosamente seleccionada desde su bautismo de fuego a los quince años Standard. Consumidas expertas en la lucha cuerpo a cuerpo, su formación académica era tan severa como completa. Cumpliendo la máxima del Conde: “Para cumplir una misión con eficacia es fundamental desarrollar una mente y cuerpo con eficacia”.  Poseían conocimientos de estrategia e inteligencia militar, equivalente a un general supremo Imperial.

Eran veteranas en misiones de acción rápidas. En su planeta de origen Ekatón, pertenecer a tal cuerpo de élite equivalía no solo un gran honor, sino un estatus social de alto rango. Cada Walkiria era personalmente conocida por El Conde, esto equivalía también a su vez la concesión de privilegios especiales, si alguna requería e incluso solicitaba la vista o justicia personal del Conde, podía directamente (previa petición a su Senescal Mesala) obtener audiencia y ser escuchada en persona. Sus familiares eran cuidados y atendidos por Mesala en caso de necesidad del tipo que fuese. Su jerarquía militar se concedía y mantenía según los meritos personales de cada guerrera demostrada en misiones ordenadas por el Conde. Se consideraban a sí mismas como “Hermanas de Guerra”, sus lazos de lealtad eran inculcados desde el mismo momento de su ingreso en el cuerpo. Poseían su propia Jerga y consignas militares, al igual que el conocido como “Código de la Walkiria”. Obediencia completa al señor de Ekatón, quién lo quebrase era severamente castigada por sus hermanas. La fundadora de dicho cuerpo fue la madre del Conde, Natasha Sairos de Ravalione, una mujer excepcional en muchos aspectos.

Itsake no podía evitar preguntarse qué motivo había propiciado a la madre del Conde crear un cuerpo de semejantes características, incluso Mesala y las letales panteras de sable parecían tener un denominador común: La madre del Conde, y una obsesión desmedida por la seguridad de su primogénito, no en vano su difunto marido había sido hermano del ya desaparecido Imperator Viktor Raventtloft I.

La vida del joven Conde debía haber sido de una hostilidad asombrosa a la hora de tener que sobrevivir a las intrigas y luchas de poder de la corte Imperial, su señor debía haber tenido un pasado cuanto menos de lo más interesante. En cierto modo ambos eran supervivientes natos en situaciones extremas. Itsake pulsó una tecla de su intercom de pulsera.

Desplegándose en el acto una mini pantalla holográfica con un mapa virtual de la zona en la que se encontraban. La señal de localización parpadeaba y se acercaba cada vez más al lugar donde aguardaban para interceptarlos. Una fugaz sonrisa se dibujó en las comisuras de sus labios al recordar como su señor, tan hábilmente había diseñado un Metamorfo capaz de sustituirle como réplica de su persona mientras se ausentaba fuera del planeta siempre que lo considerase oportuno. Quienes pensaban que el Conde permanecería quieto cumpliendo su exilio, prisionero en su planeta estaban pero que muy equivocados.
El Metamorfo simulaba tan bien sus rasgos físicos hasta tal punto, que era capaz de engañar a sus propias panteras dientes de sable, algo inaudito y que despertaba la admiración de Itsake por el amplio abanico de recursos que era capaz de desplegar su señor cuando se lo proponía.

A una señal de Itsake las Walkirias revisaron sus armas y equipos. Itsake activó el zoom de sus Opto—visores de largo alcance. Inclinó su atlético cuerpo sobre una roca, y analizó con detenimiento la información que le suministraba sus visores. En la distancia rodeada por una espesa polvareda, una Gravito—limusina blindada avanzaba a gran velocidad, escoltada por dos coches aéreos tanto a vanguardia como retaguardia. Cuatro Levito—Tankes ligeros le cubrían los flancos, siendo a la vez cubiertos por otros cuatro Helitransportes, que no cesaban de dar vueltas rastreando la zona. Itsake sabía que dos Naves—Parnas de Septem acababan de cruzar la estratosfera disponiéndose a escoltar a los insignes ocupantes del vehículo a su mundo de origen Septem.

El Conde había previsto tal eventualidad manteniendo dos escuadrones completos de Naves—Parna de Ekatón en las inmediaciones. Tantas medidas de seguridad, denotaban una cosa, no las tenían todas consigo, y con razón. Puesto que el Conde continuaba con vida y con unas ganas tremendas de devolverles sus “atenciones personales” por denominarlo de alguna manera. Aquel conato de intento por atentar contra su vida, en su propio planeta y en su propia casa, había sido de una osadía tan inaudita como torpe. Itsake comprobó las armas de su cinto, los cierres de su armadura de protección, quitó el seguro de su subfusil y bajó de su posición unos cuantos metros. Una luz de aviso parpadeó en su intercom de pulsera.  Itsake alzó una mano y la bajó automáticamente, sus comandos tomaron posiciones, preparadas para iniciar la emboscada. Su señor por otra parte aguardaba oculto en el lado opuesto del fondo del cañón oculto junto a sus dos mejores comandantes de sección y su inseparable y fiel Mesala. A Itsake le sorprendió comprobar cómo el Conde en persona había decidido organizar y participar en la operación. Por su manera de proceder la Homofel había deducido que el Conde no era un noble al uso, sino más bien un veterano con una amplia experiencia en combate, más de lo que suponían muchos de sus adversarios tanto dentro como fuera del imperio.

“Mederenor”, por Gabriel Guerrero Gomez.

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