Mederenor. Capítulo 3. La esfera

“Histórica y documentalmente hablando, la arrogancia y la soberbia de las clases políticas tanto a nivel personal como institucional, han tenido siempre consecuencias tan peligrosas como descorazonadoras para los honrados ciudadanos de a pie”.

Conde Alexander Von Hassler. (La difuminada mano del poder).

El Conde había bloqueado todas las salidas del planeta para localizar y atrapar a los culpables. Todas las delegaciones de invitados habían sido alojadas en lugares de máxima seguridad, muchos jefes de grandes casas habían protestado por denominarlo como “un trato indigno de un gran dirigente, que no tenía en cuenta la presunción de inocencia”. El Conde había hecho oídos sordos y puestos a trabajar a su servicio de inteligencia, a pleno rendimiento.

Comenzando por registrar exhaustivamente el teatro, en busca de alguna pista o indicio que los situara cerca de los conspiradores. Para su sorpresa los acontecimientos se sucedieron con asombrosa rapidez, Mesala su senescal le había informado que el antiguo palacete de sus padres, concretamente en su estudio de trabajo, un intruso había logrado superar los códigos de acceso y saqueado la caja de seguridad de su difunto padre. El Conde se vio obligado a tomar una decisión, por un lado aquello podía ser una trampa para distraer su atención y sufrir un segundo atentado o bien un hecho aunque aislado relacionado con el atentado del teatro. O un simple engaño para desorientarle y permitir escapar a los conspiradores. El Conde decidió dejar al mando de las investigaciones a una de sus mejores comandantes con la orden de mantenerle al tanto de los progresos a través de Mesala.  Envió a Kimura a un lugar seguro, tomó un transporte y escoltado por una potente unidad blindada de Walkirias junto a Itsake y Mesala, se desplazó a la antigua residencia de su juventud. Antes de penetrar un grupo de desactivadores rastreó la zona en busca de algún posible artefacto oculto, equipados con scanner de todo tipo, no dejaron de mover ni un solo hueco de la residencia, levita—trineos de seguridad dibujaban amplios círculos en el aire controlando la zona. Una vez recibido la señal de “todo despejado”.

El Conde actuó con rapidez pero con calma sabía que aquellos momentos podían ser cruciales para averiguar qué demonios estaba sucediendo, en su propio planeta. Se dirigió con paso presto hacia el estudio de su padre, no sin antes examinar con suma atención cada tramo que pisaban sus botas de caña alta. Se detuvo en seco y comprobó para su sorpresa que la Dacto—cerradura de la entrada no había sido forzada. Cuando penetro en la estancia comprobó como los holovolumenes de investigación de su difunto padre estaban intactos, con una fina capa de polvo cubriendo toda la habitación. Hacía mucho tiempo que nadie había entrado en aquel lugar hasta el momento. Echó otro rápido vistazo y se dirigió a una compuesta lateral, cuyo codificador de entrada también parecía intacto. Aún así decidió entrar. Un portón circular blindado que protegía una cámara de alta seguridad, donde antaño su padre guardara los resultados más importantes de sus investigaciones parecía herméticamente cerrado. Solo el Conde conocía el código, no se lo pensó dos veces tecleó algo en su intercom de pulsera y un fino haz de luz partió directo a un lector—óptico. La puerta se abrió automáticamente. El Conde empezó a inspeccionar cajas precintadas, ficheros, pequeños paquetes sellados, esfera—memorias de datos, aparentemente no faltaba nada. Mesala e Itsake le miraron en silencio.

El Conde parecía desconcertado. Salieron al estudio y este comenzó a dar vueltas en círculos profundamente concentrado. Mesala se encargó de que nadie le molestase en aquel crítico instante. Súbitamente accedió de nuevo a la cámara acorazada y buscó algo guardado en un cajón de la derecha. Tanteó con la mano y sacó un holocubo—Inventario.  Los sensores ópticos de la cámara estaban programados parara recibir una señal de los sellos de precintado de cada caja del inventario, de tal manera que si una de estas era abierta, lo notificaba al Holocubo de inventario automáticamente. El Conde buscó en el Menú de salidas. En efecto algo había sido abierto, comprobó la hora. Comenzó a buscar una caja con una numeración de serie concreta y la encontró…abierta. Su interior estaba vacío. El Conde reconoció la caja forrada de tercio pelo azul en su interior. —La esfera de Vonto…—susurró perplejo.

Quienes habían robado la esfera, sabía muy bien donde y cuando encontrarla, poseían los códigos de acceso y para que servía. Algo inaudito. El Conde trató de hacer memoria, la esfera de Vonto de su padre solo había sufrido un intento de robo en el pasado de ello hacía ya mucho tiempo…Su rostro se iluminó y una extraña sonrisa que no presagiaba nada bueno aleteó por sus labios. —La esfera de Vonto, tan hábilmente sustraída del viejo estudio de mi difunto padre, posee un dispositivo de seguimiento que se activa en el caso de ser sustraída y tocado digitalmente por otra persona, que no fuese su legítimo dueño. Es una medida de seguridad que diseño mi padre en su día. Usaremos lo satélites para localizar la señal. Hazlo Mesala —Mesala dio la orden por su intercom. —Mi señor ¿qué queréis que haga? —preguntó Itsake. El Conde reclamó silencio. —En el pasado solo habían dos personas conocedoras de la existencia de la esfera, una era nuestra difunta Imperatriz y la otra su amiga de confianza Tanya Svelenkova…—susurró pensativo el Conde—. Esta sabía que si decía algo correría igual suerte, por aquel entonces yo era joven e inexperto, debía haberla silenciado en su momento  —se lamentó el Conde. —Pero mi señor ni ella, ni el embajador de Septem han sido invitados —señaló Mesala. —Comprueba la lista de invitados Mesala, aunque coincido contigo no recuerdo haberla invitado.

Mesala observó para su sorpresa como en un rojo brillante un apellido parpadeaba en su holoagenda. —Mi señor hay otra Svelenkova —dijo Mesala. El Conde le miró claramente sorprendido. —Dime su nombre, rápido. —La princesa Irene Svelenkova, creo que es su sobrina.   —Mesala accede a la base central de datos del teatro, y revisa las imágenes de las opto—cámaras situadas en el palco y filas donde se alojaban, ¡date prisa! —Ordenó el Conde presa de una viva expectación. Mesala conectó uno de sus Neuroimplantes de comunicación y memoria, cuyo enlace lo conectaba directamente a la base central de datos,  alargó su brazo y abrió la palma de su mano desplegando una imagen holográfica del interior del gran teatro de Ekatón, mostrándoles la fila y asiento en la que se encontraba acomodada Irene Svelenkova al comienzo de la representación. —Amplia la imagen —ordenó el Conde. Mesala no se lo hizo repetir dos veces. La imagen se agrandó mostrándole el rostro de Irenia Svelenkova. El Conde la observó con detenimiento. — ¿Quién es su acompañante el de mayor edad? —inquirió el Conde. —Es un tal Sibius un viejo Sintoide que hace las veces de mayordomo… — ¡Por supuesto! —interrumpió el Conde—. Es un Sintoide por eso los detectores metabólicos de vigilancia no han hecho saltar la alarma, solo el dispositivo de seguimiento de la esfera, ha dado la señal de alarma. Haz avanzar las imágenes hasta la hora del atentado un par de minutos antes—ordenó el Conde, mientras su mente trabajaba a toda velocidad atando cabos.

La imagen avanzó y mostró el rostro de Irene Svelenkova, parecía inquieta como a la espera de algo, el Conde observó que a su lado el tal Sibius había desaparecido, entonces sucedió el atentado y acto seguido Irenia desaparecía del palco. El Conde recordó la hora de retirada de la esfera del inventario y de nuevo ordenó a Mesala hacer retroceder la imagen una hora antes.  Era el tiempo que necesitaba Sibius para llegar desde el teatro hasta el estudio. En efecto la imagen le mostraba al lado de Irenia una hora antes, apartándose de su lado discretamente. Habían actuado coordinadamente con osadía pero con torpeza. Las piezas empezaban a encajar, de alguna forma se habían hecho con la información de la existencia de la esfera y los códigos de acceso, para obrar por su cuenta. —De todos modos vuestra hipótesis podría venirse abajo sin pruebas concluyentes y… —se atrevió a argumentar Mesala. El Conde le lanzó una mirada que nada tenía de bueno. —Lo comprobaremos enseguida. Haz que localicen la señal emitida por el dispositivo de seguimiento de la esfera, o mucho me equivoco o esta nos llevara hasta nuestra presa. Bien nos vamos. —No os entiendo mi señor… —Cierra las fronteras y deja salir al resto de nuestros invitados para que regresen a su mundos de origen, envía varios escuadrones para interceptar a nuestros fugitivos, si logran salir del planeta que persigan la señal. ¡Nos vamos de caza mi buen Mesala!

Mederenor. Por Gabriel Guerrero Gomez.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s