Dune: La muerte del Montagusanos

Mientras guiaba a aquella banda de mercenarios extraplanetarios fuertemente armados hacia su objetivo -y su venganza personal-, el naib Dhartha cada vez veia mas claro que para aquellos hombres ariscos y duros el no era mas que un sirviente. Los duros mercenarios los veian, a el y a los cinco guerreros zensunni que se le habian unido en el kanly, como un puñado de nomadas primitivos jugando a los soldados. Pero todos tenian el mismo objetivo: destruir a Selim Montagusanos.

-Ahi tiene su nido de viboras. Podriamos bombardear la escarpadura y convertimos ese monton de piedras en polvo. -No, dijo Dhartha. Quiero contar los cuerpos, quiero cortar los dedos para llevarmelos como trofeo. A menos que pueda enseñar el cuerpo mortal del Montagusanos, sus seguidores continuaran los sabotajes. Aterrice junto a esas rocas. Los gusanos no se acercan tanto. Dhartha sabia que renunciado a todo lo que le importaba contratando a aquellos infieles, pero apreto los dientes sin importarle demasiado que ello le condenara al Sheol, segun los preceptos del budislam

…Los soldados cargaron contra las cuevas, pero no se oia sonidos de lucha, ni gritos. -Alguien les aviso que veniamos. Nos han traicionado. -Es imposible, tercio el naib. -Entonces dinos, hombre del desierto, adonde han ido, ordeno rojo de ira un mercenario con una cicatriz en la frente. Antes de que pudiera contestar, oyeron un latido lejano, como un tambor. Corrieron a la abertura. -Esta alli!. Lanzando gritos de guerra, los guerreros corrieron hacia la nave…

…Selim curvo los labios de disgusto al ver que habian profanado su casa. El dia anterior habia sentido la llamada de Shai-Hulud. No tenia mas remedio que seguir las indicaciones de Budala. Habia acariciado el rostro de Marha, apoyando la mano dulcemente sobre su vientre. -La melange me ha dicho que sera un niño. Lo llamaras El’hiim. Ahora, alla fuera, se sentia muy solo mientras tocaba el tambor. Era una llamada, un desafio. Aquel tambor habia llamado a muchos gusanos…

…La nave volo tan bajo que Selim sintio el calor de los motores. El naib y sus guerreros llegaron corriendo. El seguia golpeando el tambor. -Te desafio Selim Montademonios, le grito el Naib. Los soldados extraplanetarios bajaron a al arena, conectando sus escudos. No sabian que esa era una llamada mas fuerte aun para los gusanos. -Acaso estas libre de pecado para juzgarme, naib?, grito Selim. Algunos guerreros se dieron la vuelta. Selim no. Ya notaba las vibraciones de gusanos que se acercaban. Muchos gusanos

…La nave se elevo sobre las dunas, cuando un enorme gusano de arena, enloquecido por las vibraciones, salio disparado del suelo y se llevo a los mercenarios con su boca abierta de un bocado. El piloto abrio fuego sobre el gusano, pero un segundo gusano aparecio, y como una cobra, golpeo a la nave y despues succiono los restos del aparato. Selim no temia a Shai-Hulud. -Para un montagusanos solo hay una forma posible de morir. La arena empezo a temblar bajo ellos. El naib Dhartha desaparecio entre las toneladas de arena que trago otro gusano. Selim se agarro al tambor mientras la criatura se encrespaba, y finalmente lo trago tambien a el…

…El Montagusanos monto por ultima vez a Shai-Hulud, en un viaje a la eternidad…Marha lo vio todo desde la lejania mientras aullaba de dolor. Selim viviria siempre como parte de su dios. Un final apropiado para un hombre…un heroe. Y el principio perfecto para una leyenda.

“La Cruzada de las Maquinas” de Brian Herbert y Kevin J. Anderson.

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