Dune: El Demonio del Desierto

Gurney Halleck estaba sentado en la cima de la colina de Shuloch, con su baliset al lado, sobre una alfombra de fibra de especia. Bajo el veia trabajar a aquellos hombres, los Desheredados, que trabajaban como empujados por el diablo, y quizas lo estaban. Antes de cada comida encaraban al Tanzerouft y oraban a Shai-Hulud personificado. Asi era como veian a Leto y, a traves de sus ojos, Halleck veia un futuro en el que la mayor parte de la humanidad compartiria aquel punto de vista, aunque esa perspectiva no le gustara…

Habia sido el propio Leto el que habia creado aquella imagen cuando regreso alla con Halleck y el Predicador en el toptero que habia robado. Con sus propias manos, Leto habia abierto una brecha en el qanat de Shuloch, lanzando enormes piedras a mas de cincuenta metros. Cuando los Desheredados habian intentando intervenir, Leto habia decapitado al primero que se le acerco con un solo movimiento de brazo. Su demoniaca voz rugio: –“El fuego no me tocara y vuestros cuchillos no me alcanzaran!. Llevo la piel de Shai-Hulud!”. Aquellos hombres se postraron ante el…

-“Algun dia convertire esto en mi casa. Defendereis a mis huespedes y no vendereis mas especia, sino que la almacenareis”. Los Desheredados le habian mirado con ojos de temor supersticioso. Alli estaba Shai-Hulud surgido finalmente de la arena. Halleck se habia encontrado con Leto un pequeño sietch rebelde en Gare Ruden, montado en un gusano, en un lugar donde ya escaseaban. Aquel hombre que le acompañaba era el Predicador. Halleck vio aquel extraño destiltraje de Leto, con bordes enrollados alrededor de su rostro. Una tunica negra lo cubria. -Por que has traido aqui al Predicador?. Sabes las historias que circulan sobre el?. Leto le respondio: -Le llevo conmigo porque Alia quiere su muerte. Tu seras su refugio. -Huiste de Jacurutu antes de que pudiera completar la prueba que vuestra madre habia ordenado. Me encargo que me asegurara de que no estais poseido. -No lo estoy. -Sois acaso una Decidora de Verdad?. -Lo soy

-Eres Paul Atreides?, le pregunto al Predicador, -Hablas con su voz. -Paul Atreides ya no existe, dijo este. Los Fremen a su alrededor ya no se mantenian lejos. Preguntaban: “Eres Paul Muad’Dib?, Es cierto?, Dinoslo!”. -Debeis pensar en mi como el Predicador, dijo apartandolos. Halleck se dio cuenta entonces del terrible cambio que se habia operado en Leto. Habia resonado una terrible voz como de toro: -Echaos a un lado!, mientras derribaba a Fremen adultos, arrebatandoles los cuchillos de sus manos, tomandolos por la hoja. -Cuando Shai-Hulud hable, vosotros obedecereis. Alguno comenzo a protestar, y Leto arranco un saliente de la roca, desmenuzandolo con sus manos. -Destrozare vuestro sietch sobre vuestra cabezas. Ninguno de vosotros nos ha visto. Un solo susurro y volvere para enviaros a todos al desierto sin una pizca de agua. Las cabezas asintieron enfatica y sumisamente. -El Demonio del Desierto, susurro alguien…

“Hijos de Dune” de Frank Herbert.

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