Dune: La venganza del Emperador

Desde el Trono del León Dorado, el emperador Elrood IX miró con ceño al hombre de expresión confiada que se erguía al pie del estrado real con una bota apoyada en el primer peldaño. Calvo como una bola de mármol, el conde Vernius aún se comportaba como un héroe de guerra condecorado, pese a que sus días de gloria habían pasado hacía mucho tiempo. Elrood dudaba que alguien los recordara.

–No te preguntaré si es cierto, Vernius. Mis fuentes son de absoluta solvencia, y sé que has cometido este terrible acto. ¡Tecnología ixiana! ¡Puaj!. El diseño de tu nuevo Crucero reduce el número de vuelos que ha de hacer la Cofradía para transportar la misma cantidad de cargamento. –¿Lo hiciste a sabiendas de que incurrirías en mi ira?. –¡Por favor, señor! –sonrió Dominic. Los sentimientos personales no pueden interferir en la marcha del progreso…Se trata de negocios, Elrood.

-He recibido informes de que tus científicos desarrollan máquinas pensantes ilegales, que violan la Yihad. –El acceso a las instalaciones de Ix os está vedado, según el antiguo acuerdo entre el Imperio y el Landsraad. Dominic estaba furioso, pero intentaba conservar la calma.

–Yo no he suscrito tal acuerdo. Elrood se miró las uñas. –El Landsraad tendrá la última palabra al respecto, Roody. –Dominic se arrepintió de haber utilizado el mote, pero ya era demasiado tarde. El emperador Corrino, rojo de furia, se puso en pie de un brinco y extendió un dedo, tembloroso y acusador, hacia Dominic. –¿Cómo te atreves?. -Carecéis de argumentos, y lo sabéis. Vernius hizo una reverencia y retrocedió.

Elrood le fulminó con la mirada, furioso por el mote que Dominic había utilizado. Roody. Shando había susurrado “Roody” en su oído cuando la había invitado al lecho imperial, y lo había gritado durante los momentos de máxima pasión. Ambos hombres sabían que aquel mote sólo lo había usado su concubina, la hermosa Shando…que ahora era lady Vernius. Liberada del servicio imperial, Vernius se casó con ella. Tras enterarse de que otro hombre la deseaba, el orgullo masculino de Elrood le impulsó a cambiar de idea, pero ya era demasiado tarde.

Había guardado rencor a Dominic desde aquel momento, paranoico por los secretos de alcoba que Shando confesaría a su marido. Roody. Vernius conocía su mote íntimo. ¿Qué más le había contado Shando?. Le corroía como una llaga. Roody. El conde sentía muy poco respeto por el anciano emperador. Tengo mis contactos, pensó Elrood, mientras de pie junto al trono, sonreía.

“La Casa Atreides” de B.Herbert y Kevin J. Anderson

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