Dune: La explosion de especia

El barón Vladimir Harkonnen, escudriñó con ojos negros como arañas a través del cristal cóncavo, al tiempo que su olfato percibía el olor de la arena y el polvo omnipresentes. El sol blanco de Arrakis arrancaba reflejos de las arenas infinitas. La visión de las dunas, que rielaban debido al calor del día, hirió sus retinas. Un lugar infernal.

Recordaba la carta enviada al Emperador:

“Os doy mi garantía personal de que utilizaré todos los medios necesarios (dinero, dedicación y mano de hierro) para conseguir que la producción de melange alcance o exceda nuestros anteriores niveles. La especia debe fluir.”

–¿Cuánto falta?.

–El lugar se encuentra en las profundidades del desierto, barón. Todo indica que se trata de una de las concentraciones de especia más rica jamás excavada.

Ni la Cofradía Espacial ni el Emperador, ni la CHOAM tenía por qué enterarse de ningún hallazgo de especia.

Especia. Saboreó la palabra en sus pensamientos y sus labios…

Flotaban los transportadores preparados para recoger el recolector de especia y a su tripulación en cuanto apareciera un gusano. Pero ¿por qué tardaba tanto?. Los gusanos siempre protegían la especia…Un hombre saltó de su vehículo incrustado de arena y se precipitó hacia la puerta abierta de la máquina.

–¿Qué hace? ¿Están abandonando sus puestos? Baja para verlo mejor…–¡Algo está pasando! –grito la radio–. ¿Dónde está el transportador? ¡Lo necesitamos ya!. –¡Mirad, mi señor!. –El piloto señaló hacia abajo. El recolector de especia se ladeó a un lado. Se abrió una grieta en la arena, y todo el yacimiento empezó a alzarse en el aire como una burbuja de gas en una olla de barro salusana hirviente…El piloto aferró los mandos e inició el ascenso. Las alas articuladas batieron furiosamente.

Abajo, la burbuja subterránea alcanzó su apogeo y después estalló.

El ornitóptero acorazado invirtió su posición en el aire, mientras las alas se agitaban frenéticamente. Los motores zumbaron y gruñeron. Proyectiles de arena se estrellaron contra el casco. Mientras caían, el baron vio la arena abierta como una herida supurante…En el ultimo momento, el piloto lo estabilizó y voló a baja altura sobre las dunas, emitiendo un suspiro de alivio…El barón sintió bullir la rabia en su interior. ¡Maldito Arrakis! ¡Maldita sea la especia, y maldita sea nuestra dependencia de ella!.

“La Casa Atreides” de Brian Herbert y Kevin J. Anderson.

Una respuesta a “Dune: La explosion de especia

  1. Muy buena escena. 🙂

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