Dune: Liet-Kynes ante el Emperador

Concedame el perdon, Señor.
Suplico un favor, Señor.
Pido justicia, Señor…

Casi siempre, el Emperador Padishah Shaddam IV consideraba tediosas sus tareas diarias. Sentarse en el Trono del Leon Dorado habia sido emocionante al principio, pero ahora, mientras miraba hacia el fondo de la sala de audiencias imperial, se le antojo que el poder atraia pestes interminables. Habia conspirado en sus años de Principe Heredero para ascender al trono, y ahora con un chasquido de sus dedos tenia el poder maximo. Pero ni siquiera el Emperador del Universo Conocido podia gobernar a su capricho…

El chambelan Ridondo se acerco. -Señor. Un visitante recien llegado ha solicitado audiencia con vos de inmediato. No es del Landsraad, ni un alto funcionario de la Cofradia o CHOAM. -Entonces ya sabeis la respuesta. No puedo perder el tiempo con plebeyos. -No es exactamente un plebeyo. Se trata de vuestro planetologo imperial en Arrakis. Recordo al excentrico Pardot Kynes. -Si deseara hablar con una rata del desierto, le haria llamar. -Entiendo, Señor. Pero este Liet-Kynes podria soliviantar a los trabajadores del desierto a su regreso. ¿Quien sabe su grado de influencia sobre ellos?…-Basta!. Hazle pasar, pero antes sacudele un poco el polvo.

Liet encontro impresionante el palacio imperial. Pero estaba acostumbrado a otro tipo de grandeza, la desnuda inmensidad de Dune. Notaba su piel aceitosa debido a la locion que los criados le habian aplicado por el cuerpo, su pelo olia a perfume, su cuerpo a desodorantes. Segun los Fremen, la arena purificaba el cuerpo y la mente, asi que se proponia a su regreso rodar desnudo por una duna. Insistio en llevar una capa y su complicado destiltraje, que fue lavado y examinado. Liet dudaba que volviera a ser de utilidad ya en el desierto.

-Emperador Shaddam Corrino, debo hablar con vos de la especia y Arrakis. -Eres osado, planetologo. Piensas que no se nada de esos asuntos?. -Creo que los Harkonnen os proporcionan informacion falsa. Son perros salvajes que destrozan el desierto. Explotan a los nativos. Os he enviado numerosos informes en el que detallo las atrocidades, y mi padre lo hizo antes que yo. Os he facilitado un plan para la plantacion de hierbas que podria recuperar parte del planeta. Pero no hemos recibido respuesta. -Tengo mucho que leer, planetologo, y poco tiempo. Los Sardaukar se acercaron en sintonia con el mal humor de su Emperador, que se agarraba a los brazos del trono. -Y casi todo carece de importancia, comparado con el futuro de la produccion de melange, verdad?. La replica escandalizo a todos los presentes. -He solicitado equipos de cientificos, material…

El chambelan ya habia oido bastante. -Planetologo. Nadie exige al Emperador. Solo el decide lo que es importante y donde distribuir recursos. -Y no hay nada mas importante para el Imperio que la especia. Ofrezco una forma de que la historia recuerde al Emperador como un visionario, siguiendo la tradicion de Raphael Corrino. Ante esa audacia, Shaddam se puso en pie. -Basta!. Estuvo a punto de hacer llamar al verdugo. Pero la razon se impuso. Cuando empezara la produccion de amal, seria divertido dejar que Kynes viera su planeta languidecer. -Dentro de una semana, mi Ministro de la Especia llegara aqui. Si vuestras peticiones son correctas, el las atendera…

Los Sardaukar lo sacaron de la sala a toda prisa y a empujones. No se resistio. Habia obtenido una respuesta del necio Emperador. Ahora, Kynes sabia que los Fremen tendrian que cuidar de Dune sin ayuda de nadie.

“La Casa Corrino”, de B.Herbert y K.J.Anderson.

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