Dune: La renacida Norma Cenva

Norma Cenva, colgada y paralizada, no sabia cuanto tiempo llevaba cautiva. Solo sabia que era la ultima de las victimas que quedaba por satisfacer la curiosidad del cimek. -Tenemos tantos metodos de tortura como estrellas hay en el cielo, dijo el Titan Jerjes. Hace mucho tiempo yo fui humano. Mi cuerpo era bastante pequeño y feo. Algunos hasta me llamaban gnomo. Pero en comparacion, mujer, tu eres tan fea que tus padres tendrian que haberte asfixiado cuando naciste.

Norma cayo en duro suelo. La gravedad de la nave la oprimia como una pesada bota. El contendor cerebral de Jerjes y otros doce neo-cimeks colgaban del techo como arañas. El frio suelo de metal le quemaba la piel. -Oh, pobre…Tienes frio?. Y lanzo una manta de energia que quemo aun mas su piel desnuda. -Desde el principio me has arrebatado la esperanza, asi que no espero compasion. Debo decirte que el dolor que me inflinges es bastante corriente, dijo Norma. -¿Un dolor corriente?. ¿Quereis que comprobemos cual es su limite?. Jerjes inflingio con mayor intensidad las torturas en el diminuto cuerpo de Norma. Ya no podia ni gritar, todo su cuerpo comenzo a sacudirse. Los cimeks reian complacidos…

…De pronto, la tortura inducida se concentro en el cerebro, aquella mente excepcional que habia sido incubada en el cerebro de la hechicera suprema de la Yihad, Zufa Cenva. Los ojos se abrieron, algo se libero en su cerebro en el limite del dolor. Sentia que unos poderes latentes habian despertado. De pronto Norma no sentia nada. Su cuerpo fisico palpito, despidiendo un brillo azulado. La carne se volvio incandescente, convirtiendose en energia pura. ¿Era eso lo que sentian las hechiceras kamikaze que su madre entrenaba en Rossak?. No, ella podia controlarlo…

Vio su sangre por todas partes, y se concentro en el torturador llamado Jerjes. Una luz azul salio de su mente hacia la del Titan, rompiendo su contenedor cerebral y haciendolo estallar, friendo el cerebro en su interior. Luego lo hizo simultaneamente con los demas neocimeks…Norma podia ver hasta el infinito, por galaxias, nebulosas y cielos, el universo entero, era la esencia de una mente flotando. Nada, absolutamente nada ya le parecia imposible…

Norma considero las alternativas. Entendio que el cuerpo no es mas que un receptaculo, pero para la gente era mucho mas. Aurelius habia sabido ver a la verdadera Norma, ¿por que no hacerse entonces mas bella para el?. Penso en su abuela, la hechicera Conqee, sus ojos azul claro…Finalmente se irguio, perfecta y desnuda en el vientre de la nave rapaz muerta.

“La Cruzada de las Maquinas”, de Brian Herbert y Kevin J.Anderson.

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