Las Cronicas: “Una aventura alucinante (y 3)”

“…Cuando el combate se hallaba en un momento delicado – Lorenzo había matado a 2 sardaukar y Paulino a 3, pero hubo que lamentar la muerte de 2 fremen, Genserico y Salvio-, Poli, nuestro miedoso, tartaja y cantaor mago diplomado, lanzó un conjuro de bola de fuego contra nuestros adversarios, friendo a todos menos a Niceto el coronel, el cual salió por patas, se metió en el tóptero y despegó como si tuviera avispas en el culo. Ante tamaña demostración de torería y poder, Paulino y los demás fremen se arrodillaron:

– ¡Es el Elegido! ¡Es el Elegido! – clamaban todos-.

– ¿Có-cómo q-que el E-Elegido? – decía Poli, confundido-.

– ¡Que sí, coño! ¡Que estábamos esperando un Mesías guerrero, pa darle en su grasiento culo a Vladimir Harkonnen, el tirano que nos tiene amargaos! – clamaba Lorenzo-; ¡Y esos poderes mágicos nos revelan que eres tú!

– ¿Poli, un Mesías? ¡Del flamenco vale, pero de un planeta…! – declaró Segis, tratando de poner las cosas en su justo lugar-.

– ¡Que no que no que no! – decía yo, a voz en grito-, ¡que os estáis equivocando, amigos! ¡Poli es un buen tipo, pero de ahí a…!

– ¡Que no hay más que hablar, leñe! – cortó Paulino-, ¡Es el Kwisatz Haderach que esperábamos!

– ¿Que es el qué cojoneeees? – exclamó Lucinio, flipando como todos nosotros-.

– El Kwisatz Haderach.

– Tiene nombre de Uruk – Hai pensionista.

– Calla coño.

En los siguientes días, nos trataron a cuerpo de rey en la guarida fremen, y no digamos a Poli: estaban con él que no cagaban, vamos. Pero claro, esto tiene sus desventajas, como que el rumor se extendió como un Shai -Hulud en una tumbona de playa, y la nueva llegó a oídos enemigos.

En todo Arrakis no se hablaba de otra cosa, y el mismísimo Vladimir Harkonnen había adelgazado 12 kilos del susto. Se paseaba con la tez blanca como la nieve y pasándose compulsivamente un pañuelito por la frente, para secar el sudor frío del miedo que le provocó la noticia:

– Ya la hemos jodido con esas hienas sarnosas del desierto…los sardaukar no quieren volver a enfrentarse contra ese mago…alegan colitis epidémica o días de convenio pa no luchar…Feyd Rautha, mi sobrino, se hace el sueco cada vez que menciono el asunto…el Emperador me fríe a llamadas telefónicas pa preguntarme que qué coño pasa…las Bene Gesserit predicen una Yihad universal en nombre de un Cantaor Tartaja pa pincharme y acojonarme aún más… esto no puede seguir así. ¡A ver! ¡Todas las naves disponibles, a bombardear la zona del Sietch Tabr! ¡12.000 hombres de infantería a formar ahora mismo! ¡Nos vamos a la guerra!

EL BARON HARKONNEN

Y claro, de repente, nosotros tan tranquilos en nuestros aposentos, comenzamos a sentir que, en la superficie, estaban arrasando el terreno concienzudamente:– ¡Son los Harkonnen! ¡Habrán oído lo del Mesías y han venido con todo! ¡Están bombardeando a base de bien, pero luego temo un ataque de infantería! – decía Paulino-.

Y así fue: de pronto cesaron las explosiones, y salimos todos, armados hasta los dientes y capitaneados por Paulino y Poli, a la devastada superficie. Tras comprobar los daños, preparamos la defensa; al cuarto de hora más o menos, un imponente ejército se acercó desde el este, desplegándose en torno nuestro. Nos juramentamos solemnemente para resistir, crys en alto.

Y se armó el Belén: un furioso ataque en el que volcaron el infierno sobre nuestras posiciones. Los conjuros de Evaristo y Poli supusieron al principio una gran ayuda, pero al agotarse el número de hechizos que podían hacer, llegó el momento de la lucha cuerpo a cuerpo; y aquí, muchachos, tengo que admirar a nuestros aliados: por cada fremen que caía, morían antes media docena de harkonnen. Vaya máquinas de matar. Lo malo es que la fuerza del número se iba imponiendo, y Lorenzo nos dijo que saliéramos pitando hacia el oeste, que cubrirían nuestra retirada:

– Al oeste hay un “Seven Eleven” para aprovisionaros, y más allá un puticlub que frecuentamos, en la carretera de Tarancón del Shai- Hulud; podéis hallar ahí alojamiento para esta noche…luego, seguid hacia el oeste, hasta Villatreides de Abajo; allí estaréis seguros. ¡Partid ya!

A Poli lo abrazó y le echó un gapo a los pies, para luego darse la vuelta y combatir. Y en plena huida, mirando de vez en cuando hacia atrás para comprobar cómo estaban machacando a nuestros anfitriones y camaradas, nos sorprendió una terrible tormenta del desierto, que nos atrapó y dejó inconscientes; creímos que era el final.

Al despertar, estábamos todos en el desierto, pero no había ni rastro de batalla ni nada; vimos a lo lejos a un beduino, y le preguntamos que dónde estábamos. Su respuesta nos llenó de alivio:

– ¿Que dónde estáis? Pues a las afueras del desierto de Sind, nobles señores…

Así que habíamos vuelto a nuestro mundo, Mystara, tras vivir una de nuestras aventuras más estrafalarias y desconcertantes. Así que ya sabéis, muchachos: cuidado con las tormentas de arena, no vaya a ser que acabéis tomándoos una copa con Darth Vader o charlando de fútbol con Leto Atreides…hasta otra, Fot Aël S.

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