Hijos míos, hasta los abuelos podemos a veces dar lecciones en cosas que se supone son sólo para jóvenes…aunque éstos yayos en concreto eran un tanto especiales. Leed, leed…
En mi ciudad, Balshad, capital del reino de Grendopolán, existía el Instituto de Santa Adelaida de Thargelion, una residencia de ancianos malignos, es decir, un asilo para famosos muertos-vivientes que ya estuvieran jubilados. Las monjitas guerreras de la Orden de Tran cuidaban de ellos, se llevaban una pequeñísima parte del presupuesto municipal, y los abuelos admitían visitas de cualquiera para contarle sus batallitas y dar consejos a los aventureros noveles. Sigue leyendo


































