“Roller Ball Asesino”, parte III

Hacia mediados de temporada, cuando veo al Sr. Bartholemew de nuevo, ha sido destituido como director ejecutivo de ENERGÍA. Sigue siendo muy importante, pero carece de alguna de sus antiguas certezas, su estado de ánimo es un reflejo, por lo que decido aprovechar esta oportunidad para hablar de lo que me está intrigando.

Almorzamos en el Houston Tower, donde preparan un buen filete Wellington, y hay buen Borgoña. Daphne se sienta allí como una piedra, probablemente imaginando que está en una película.

“El conocimiento, ah, ya veo”, el Sr.Bartholemew dice en respuesta a mi pregunta. “En que estás interesado, Jonathan?. Historia?. Las artes?”.

“Puedo ser personal con usted?.

“Claro, por supuesto”, responde con inquietud, y aunque el Sr.Bartholemew no es especialmente alguien que inspire a la confesión, me decido a explayarme.

“Empecé en la universidad”, le recuerdo. “Eso fue -vamos a ver- hace más de diecisiete años. En aquella época todavía había libros y leí algunos, muy pocos, porque pensé que podría convertirme en un ejecutivo”.

“Jonathan, créame, puedo adivinar lo que va a decirme”, el Sr.Bartholemew suspiro, bebiendo el Borgoña y mirando a Daphne. “Soy uno de los pocos que lamenta realmente lo que ocurrió con los libros. Todo está ya en cintas, pero simplemente no es lo mismo, verdad?. Hoy en día sólo los especialistas en informática leen las cintas y estamos de vuelta en la Edad Media, cuando sólo los monjes podían leer el alfabeto latino”.

“Exactamente”, le respondo, dejando que mi carne se quedara fría.

“Quiere que le asigne a un especialista?”.

“No, no es eso exactamente”.

“Tenemos las grandes bibliotecas de películas: usted puede obtener un permiso para ver todo lo que quiera. El Renacimiento. Filósofos griegos. Vi una buena película sobre la vida y el pensamiento de Platón una vez”.

“Todo lo que sé”, le digo sin vacilar, “es sobre Roller Ball Asesino”.

“No quiere salir a jugar?”, pregunta con cautela.

“No, en absoluto. Lo que yo quiero… Dios, Sr.Bartholemew, no sé cómo decirlo: yo quiero más”.

Su mirada quedo en blanco.

“Pero no cosas mundanas”, agrego. “Más para mí”.

Lanza un gran suspiro, se echa hacia atrás, y permite al camarero volver a llenar su vaso. Sé que él lo entiende, es un hombre de sesenta años, inmensamente rico y de los mas poderosos de nuestra clase ejecutiva, y trás sus ojos se encuentra la profunda, cansada e innegable comprension de la vida que ha vivido.

“Conocimiento”, me dice, “o bien se convierte en poder o se convierte en melancolía. Cual podría ser la suya, Jonathan?. Usted tiene el poder. Tiene el estatus, la capacidad y ha cumplido todos los sueños masculinos que a cualquier hombre le gustaría tener. Y en el Roller Ball Asesino no hay espacio para la melancolía”. En el juego, la mente existe para el cuerpo, para hacer una armonía de estragos, no?. Quiere cambiar eso?. Quiere que la mente exista solo para sí misma?. No creo que realmente quiera eso, verdad?”.

“Realmente no lo sé”, lo reconozco.

“Le voy a conseguir algunos permisos, Jonathan. Podra ver películas de vídeo, aprendera algo en las cintas de lectura, si asi lo desea”.

“No creo que realmente tenga ningun poder”, digo con dudas.

“Oh, vamos. Qué dice usted sobre eso?”, pregunta, volviéndose hacia Daphne.

“Definitivamente tiene poder”, responde con una sonrisa.

De alguna manera la conversación se aleja de mí; Daphne, en el momento justo, como la buen espía de la Corporación que probablemente es, comienza a apoyar la linea del Sr.Bartholemew y pronto, por extraño que parezca, estamos hablando de mi próximo partido en Estocolmo.

Un espacio hueco empieza a crecer dentro de mí, como si un fuego interno me comiera. La conversación se refiere al final de temporada, al All Star, a los records que se están estableciendo este año, pero mi decepción -sobre que, exactamente no lo se- me empieza a enfermar.

Sr.Bartholemew finalmente me pregunta qué me pasa.

“La comida”, le respondo. “Normalmente hago una buena digestión, pero quizas hoy no”.

En el vestuario el temido final de la temporada se acerca. Dificilmente hablamos entre nosotros, pero ahora, como soldados o gladiadores viendo lo que nos espera, nos movemos entre olores a quirofano convenciendonos a nosotros mismos que seguro que vamos a sobrevivir.

Nuestro último entrenamiento e instrucción tactica de este año, se dedica a como dar golpes mortales a los jugadores contrarios; no hay tiempo ya para los empujones y golpes tolerantes de antaño. Creo que poseo dos buenas armas: Por mi habilidad inusualmente buena con los patines, podria hacerle añicos la rodilla a mi oponente con una patada; también, tengo un gran golpe de revés directo a las costillas y el corazón, para usar cuando los equipos rodemos pegados y algun hijo de puta intente lanzarme su brazo. Si con el cambio a las nuevas reglas, se le quita el casco a un jugador, por supuesto, eso es la muerte; y como parece sera asi (hay rumores, rumores todos los días acerca de la nueva versión de RBA que vamos a jugar) los golpes iran a la tráquea, las costillas o el corazón, el diafragma, o cualquier punto vital en el que no puedas romperte la mano.

Nuestros instructores son un par de acelerados señores orientales que tienen todo tipo de soluciones anatómicas para nosotros, y muestran dibujos de figuras humanas con los centros nerviosos pintados en color rosa.

“Lo que tu hacer es esto”, dice Moonpie, riendose de estos dos. Moonpie es un muy buen patinador, en su cuarta temporada, y recuerda a un tejano vestido a la antigua. “Tu qué tener que hacer es golpear en mandíbula y hasta en sus ganglios”.

“Sus qué?”. Le pregunto a Moonpie con una sonrisa.

“Sus malditos ganglios. Manojo de nervios justo aquí debajo de oreja. Une huesos de mandíbula con lío de nervios y que poder hacer sonar sus campanas seguro”.

Daphne se ha ido, también, y en este ínterin, antes de que otra compañera llegue, cortesía de todos mis amigos y empleados de ENERGÍA, Ella vuelve de nuevo a mis sueños y fantasías a la luz del día.

Yo fui un chico de la Corporacion, un hijo bastardo de algun ejecutivo, asi siempre preferí pensarlo, criado en la sección de Galveston en la ciudad. Un chico grande, naturalmente, atlético y fuerte -y esto, según mi teoría, me dio saludables genes mentales, también, porque creo que ser fuerte de cuerpo es ser fuerte de mente: un hombre con una velocidad brutal seguro que también tiene la capacidad para reflexionar sobre su vida. De todos modos, me casé a los quince años cuando trabajaba en los muelles para los conglomerados de Petróleo. Ella era secretaria, delgada, con largo pelo castaño, y nos las arreglamos para conseguir los permisos tanto para contraer matrimonio como para entrar en la universidad juntos. Su beca fue de Electrónica General -Ella siempre fue inteligente- y la mía era de cursos de pre-ejecutivo y Roller Ball Asesino. Ella me dio de comer tanto el primer año, que engorde 15 kilos de puro musculo y por la noche curaba mis moratones (era una espía también, cuyo trabajo consistía en preparar a los asesinos?; me lo he preguntado a veces). Y quizas porque fue mi primera mujer, de dieciocho años y tan hermosa, nunca la he podido olvidar completamente.

Ella me dejó por un ejecutivo, hizo las maletas y se fue con el a Europa. Hace seis años los vi en un banquete deportivo en el que se me otorgó un premio: allí estaban, sonriendo y siendo amables, y les hice una sola pregunta, una sola: “Vosotros dos, habeis tenido hijos?”.

Ella, amor: uno se pregunta: me diste toda esa carne y rompiste mi corazón por orden de alguna sociedad corporativa?. Allí estaba yo, enojado y herido. Lejos de haber olvidado, pensé en ese momento.

Hice un triste balance de mí mismo en este período de tranquilidad antes de que otra mujer llegara; soy lo suficientemente listo, lo sé: tenía que sobrevivir. Y sin embargo, parece que no se nada -puedo sentir los espacios vacíos en mi propio corazón. Como uno de esos especialistas informáticos, tengo mis conocimientos, sé lo que significa el hoy, lo que probablemente vendra mañana, pero tal vez porque ya no hay libros -el Sr.Bartholemew estaba en lo cierto, es una lástima que fueran transformados- que me siento tan vacío. Si no me acordara tanto de mi Ella -de eso me doy cuenta- ya ni querria recordar que es el amor, aquel que senti y que aun guardo en mi.

Recuerdo, seguro: he leído bastantes libros, aquel año con Ella y después también, antes de convertirme en profesional del juego. Aparte de todos los volúmenes acerca de cómo se lleva el negocio, he leído la historia de los reyes de Inglaterra, aquellos libros del pilar de sabiduría, de T.E.Lawrence, novelas tristes, algo de Rousseau, una biografía de Thomas Jefferson y otras curiosidades. En cintas, todo eso esta ahora a un zumbido de distancia, en el sótano fresco de algun lugar.

***Por William Harrison (Esquire). Cuento corto en el que se baso la pelicula “Rollerball” (1975).

Leer parte I, II y IV

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s