Cuando el funeral terminó con la entrega del cuerpo, el resto de mujeres volvió a la escuela-acantilado, donde continuarian sus ejercicios en las aulas. Raquella había elegido a una candidata nueva y fresca, una joven de una desgraciada familia con poco futuro, pero alguien que se merecía esta oportunidad: La Hermana Valya Harkonnen.
Valya dejo a las demás Hermanas, y Raquella la siguio a lo largo del camino de los acantilados. La Hermana Valya tenia el rostro ovalado y ojos color avellana. La Reverenda Madre observó sus movimientos fluidos, la inclinacion confidente de su cabeza, su cuerpo pequeño y flaco, significantes detalles que sumar a la totalidad de la persona. Raquella no dudo de su elección; pocas Hermanas eran tan dedicadas.
La Hermana Valya se había unido a la Hermandad a la edad de dieciséis años, dejando su tranquilo planeta de Lankiveil para ir en busca de una vida mejor. Su bisabuelo, Abulurd Harkonnen, había sido desterrado por cobardía tras la Batalla de Corrin. Durante sus cinco años en Rossak, Valya había destacado en su formación y resultó ser una de las hermanas más fieles a Raquella y con mas talento; trabajo en estrecha colaboración con la Hermana Karee Marques, una de las ultimas Sacerdotisas, estudiando y probando nuevos fármacos y venenos.
Valya se encontro a la anciana, y no le parecia demasiado afectada por el funeral. “Habia pedido verme, Reverenda Madre?”. “Sígueme, por favor”.
Valya sintio gran curiosidad, pero se guardo las preguntas para sí misma. Las dos pasaron por delante de las cuevas de administración y celdas. En su apogeo, en siglos pasados, esta ciudad-acantilado había albergado a miles de hombres y mujeres, Sacerdotisas, comerciantes farmacéuticos o exploradores de las selvas profundas. Pero demasiados habían muerto durante la plaga, y la ciudad estaba casi vacía, quedando sólo las miembros de la Hermandad.
Una sección completa de las cuevas había sido utilizada para el tratamiento de los Desheredados, niños que habian sufrido deformidades de nacimiento como resultado de las toxinas en el medio ambiente de Rossak. Atendidos, y gracias a un cuidadoso estudio de la reproducción, aquellos que sobrevivieron fueron enviados a una de las ciudades al norte, más allá de los volcanes. Raquella no permitía a los hombres vivir en su escuela, aunque en ocasiones llegaban alli para entregar suministros o llevar a cabo reparaciones u otros servicios.
Raquella llevó a Valya por el lado de las entradas clausuradas del acantilado, que habían llevado una vez a grandes sectores de la ciudad cueva, pero que fueron abandonadas y ahora bloqueadas. Eran lugares horribles, carentes de toda vida, los cuerpos habian sido retirados hacia años y sepultados en la selva. Señaló el camino traicionero que llevaba abruptamente a lo largo de la pared del acantilado a la parte superior de la meseta. “Ahí es donde vamos”.
La joven vaciló por un instante, despues siguió a la Reverenda Madre pasando una barricada con señales de que el acceso estaba restringido. Valya estaba a la vez emocionada y nerviosa. “Los programas de reproduccion están ahí arriba?”. “Sí, lo estan”.
Durante los años de la horrible plaga enviada por Omnius, mientras que poblaciones enteras morian, las Sacerdotisas de Rossak -que siempre habían guardado registros geneticos para determinar los mejores patrones de reproduccion- iniciaron un programa mucho más ambicioso para mantener una biblioteca de líneas de sangre humana, un catalogo genetico de gran alcance. Ahora, atendian aquella riqueza de información Raquella y sus Hermanas elegidas.
El camino seguia en zigzag escarpado a lo largo de la pared del acantilado de roca sólida. Al otro lado, habia una enorme caida a la densa selva. La llovizna había cesado, pero las rocas estaban resbaladizas.
Las dos mujeres llegaron a un mirador donde nubes de niebla las rodeaban. Raquella se asomó a la selva y vio los volcanes humeantes en la distancia -poco habia cambiado en ese paisaje desde que llego decadas atras, una enfermera
que acompañaba al doctor Mohandas Suk para el tratamiento de las víctimas de la plaga de Omnius-.
“Sisterhood of Dune”, de Brian Herbert y Kevin J. Anderson.






























Desde luego que el tema de las Bene Gesserit da para mucho, sería interesante saber en que se inpiró Frank Herbert para darles tantos matices y tan fascinantes.
Saludos!
Son fascinantes. Creo que el “maestro” Herbert se gusta tanto en este grupo de personajes, que siguiendo el correcto orden de lectura de la saga (recomendable), le va dando a la Hermandad mayor importancia, hasta llegar al cenit de “Casa Capitular”.
Os adelanto que “Sisterhood” me esta encantando y que esta introduciendose mucho personaje nuevo y tiene sorpresas inesperadas desde el inicio; tiene mucha fuerza la novela, tengo curiosidad al no haber un final definido (una Batalla de Corrin, por ej.) y me dejo llevar muy a gustito a donde me lleven KJA y BH.
Tengo muchísima curiosidad.